La importancia del rol docente no está solamente en lo que enseña en forma explícita sino también en el ejemplo ético que representa para sus alumnos.
  • 03 de Septiembre de 2019

El docente como un agente moral (primera parte)

En todo el mundo observamos que la corrupción no tiene ideología. Los gobiernos de diferentes tendencias políticas pasan y la corrupción persiste. Ante este panorama recuerdo una frase de uno de mis héroes preferidos, el Chapulín colorado: “Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?”.

Como ante los problemas de las adicciones y de las enfermedades de transmisión sexual, la educación es una herramienta fundamental para que comencemos a modificar esta crisis de valores que atraviesa nuestra realidad.

La premisa básica de esta nota es que todo acto educativo es una iniciativa moral. Por lo tanto, las escuelas son sitios de interacción moral y los docentes, al igual que los padres, asumimos una responsabilidad moral ante nuestros alumnos.

Además, como todos los docentes, en forma implícita, ejercemos algún tipo de educación moral en el aula (aún cuando no existan dichos contenidos en nuestro programa) y las instituciones deben interesarse en el carácter moral de sus docentes.

Esta nota intenta conceptualizar a la docencia como una actividad moral por lo que se necesita comprender la naturaleza de la enseñanza más allá de los meros criterios de competencia y eficiencia.

Quién es el docente importa

El intento de mejorar la enseñanza mediante inspecciones, incentivos, patrones, competencias y evaluaciones (todo lo que sea fácilmente cuantificable y medible) ha resultado en el reemplazo del sentido común y la sabiduría en la enseñanza por la cuantificación.

El docente es a veces representado como un técnico encargado de tareas específicas que llevan a resultados medibles en vez de enfatizar en las cualidades personales y el potencial humano del docente.

La docencia es fundamentalmente una iniciativa moral: los alumnos necesitan un ejemplo de aquellos adultos que se preocupan por ellos.

La agenda de las competencias

Una visión de la enseñanza basada primariamente en el conocimiento de materias (en términos de habilidades y competencias) no captura el significado esencial de la docencia.

Una buena enseñanza debe enriquecer y expandir las mentes de los alumnos estimulando su reflexión, su autoevaluación y la práctica de los valores.

Las escuelas deben promover una atmósfera moral positiva. A pesar de las dificultades que presenta la docencia muchas personas siguen eligiendo la educación como su forma de vida. Se dedican seriamente a enseñar sabiendo de antemano que sus salarios y sus condiciones laborales no serán las mejores.

Estos docentes fuertemente motivados creen que todos los niños pueden ser educados y que es apropiado cultivar en ellos los valores.

Muchos docentes tienen una visión moral, un sentido moral y un motivo moral. Esto no implica que seamos moralmente perfectos.

Un docente instruye por lo que da pero también estimula a sus alumnos, paradójicamente, por sus deficiencias. Los estimula a volverse sus propios maestros.


Referencia bibliográfica:

  • Arthur, J., Kristjánsson, K., Harrison, T., Sanderse, W., & Wright, D. (2017). Teaching Character and Virtue in Schools. Abingdon: Routledge.

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