Una tendencia actual es la de dormir menos de las 7 u 8 horas recomendadas para aprovechar el tiempo en otras cuestiones de la vida. Sin embargo, cuando dejamos el descanso de lado quien más lo padece es nuestro cerebro que altera su funcionamiento por la falta de sueño.

El mal descanso afecta nuestra toma de decisiones y emociones

Fecha 04 de Marzo de 2016

Los seres humanos transcurrimos mucho tiempo de nuestra vida durmiendo, ya que al año estamos en los brazos de Morfeo unas 2.920 horas (casi 122 días). Sin embargo, en la actualidad nos alejamos de este número y dormir lo necesario parece haberse convertido en un lujo para pocos, algo que debe preocuparnos ya que la falta de descanso afecta seriamente a toda nuestra UCCM (Unidad Cuerpo Cerebro y Mente).

Debemos tener algo muy claro: el sueño es reparador para el organismo. De hecho, muchos investigadores lo consideran fundamental para el buen funcionamiento del sistema inmunológico, pero también un tiempo activo para que cerebro consolide el aprendizaje y se almacenen los recuerdos significativos del día.

Los homo sapiens sapiens somos una especie que cuando llega a la adultez necesita dormir alrededor de ocho horas, ya que durante este lapso de tiempo pasamos por diferentes etapas. Al iniciar el descanso aparecen ondas lentas en el cerebro que se ven a lo largo de la noche interrumpidas por espacios de ondas típicas de cuando estamos despiertos. En esta etapa de actividad eléctrica intensa se produce un movimiento ocular rápido característico que es conocido como sueño REM, por sus siglas en inglés (rapid eye movement). Esto significa que se está soñando, organizando, consolidando y descartando información (durante estos momentos el cuerpo permanece inmóvil).

No obstante, no solo la memoria se ve favorecida por el descanso. En las etapas de sueño profundo las asociaciones que hace el cerebro permiten encontrar salidas creativas e ideas innovadoras a los problemas y desafíos para los cuales muchas veces no encontramos solución durante el día, tal como lo demuestran las investigaciones de Jan Born, director del Instituto de Neuroendocrinología de la Universidad de Lübeck, Alemania.

Pero, si dormir es tan importante, ¿qué sucede cuando privamos a nuestro organismo día a día de horas de sueño? Sin lugar a dudas se verá afectado seriamente en todas sus funciones y nuestro cerebro funcionará a “media máquina”, con sus funciones cognitivas y ejecutivas limitadas (también lo estarán las emocionales).

Ante una noche de mal descanso, el cerebro verá comprometida su capacidad para determinar qué es importante y qué no. De repente, todo pasará a ser relevante, algo que generará ansiedad y estrés.

Un interesante estudio que demuestra esto fue realizado en la Universidad de Tel Aviv, Israel, cuando a un grupo de voluntarios se les tomaron una serie de pruebas. En primera instancia, la experiencia se realizó tras una noche de sueño normal y, posteriormente, luego de una noche sin dormir. Entre las tareas practicadas se encontraba la descripción de la dirección en que se desplazaban unos puntos amarillos que aparecían sobre unas imágenes con cierta carga emocional, como, por ejemplo, una cuchara (neutra), un cuerpo mutilado (negativa) o un tierno gato (positiva).

Si las personas habían descansado correctamente podían ante las imágenes neutras identificar el movimiento de los puntos en buen tiempo y de manera precisa. Sin embargo, cuando debían hacerlo luego de una noche despiertos, la realización de las consignas era incorrecta en los tres casos, lo que presentaba un proceso regulatorio disminuido.

Para ampliar este estudio se realizó otro para medir el nivel de atención y concentración ante una tarea. En esta oportunidad los participantes ―mientras se les observaba la actividad de sus cerebros a través de una resonancia magnética funcional― debían oprimir en ciertos momentos una tecla haciendo caso omiso a las imágenes de fondo que aparecían en la pantalla de la computadora.

Nuevamente los gráficos tenían carga emocional positiva, negativa y neutra. Luego de una noche sin descanso, al igual que en la investigación anterior, todas las imágenes les producían distracción, mientras que si estaban bien descansados las neutras no afectaban el rendimiento.

Asimismo, se encontró en los escáneres que la diferencia podía notarse en la amígdala cerebral, un área asociada con la detección y valoración de las señales emocionales de nuestro entorno. Mal dormido el cerebro experimenta una respuesta similar ante todos los estímulos entrantes ―incluso los neutrales― que lo llevan a un proceso cognitivo incorrecto, a sentir ansiedad y, por ende, a estar emocionalmente en estado de alerta.

Este estudio se puede unir al realizado en la Universidad de Berkeley, en donde se observó que dormir menos de las 7 u 8 horas necesarias altera la capacidad de respuesta de la corteza prefrontal, el área más evolucionada de nuestro cerebro y la que se ocupa de regular nuestras respuestas instintivas y emocionales.

Midiendo la actividad cerebral de los participantes, a los que se dividió en grupos (algunos durmieron el tiempo adecuado; otros, privados de horas de sueño y otro tanto, mantenidos despiertos durante 35 horas seguidas) se pudo concluir que entre las alteraciones producidas por la falta de sueño aparecía que la amígdala se tornaría hasta un 60% más reactiva a los estímulos, amentando posibles conductas y acciones más irracionales.

Si todas las personas tendemos a dormir menos horas cada día, y si todos nos vemos afectados por esta poco sana "tendencia" actual, no debe extrañarnos que nos veamos más molestos, enojados, reactivos, tomando decisiones erradas y sin poder poner de manifiesto nuestras funciones ejecutivas (aquellas que nos permiten ver a largo plazo, ser conscientes de las consecuencias de nuestros comportamientos, monitorear y modelar nuestra conducta, entre otras cosas).

Conocer nuestra biología nos posibilita respetarnos y cuidarnos a nosotros mismos, así como también manejarnos del mismo modo con los demás. Hay muchas cosas que debemos mejorar los homo sapiens sapiens en nuestras sociedades y si bien ante tantas cosas dormir ocho horas puede parecer algo que se puede dejar para más adelante, no es una buena idea o tal vez sea una decisión de un cerebro mal descansado.

Para concluir, otra consecuencia del dormir poco es que el cerebro no puede limpiar la memoria a corto plazo para dejar espacio para nueva información, ya que una noche sin dormir reduce la capacidad de asimilar conocimientos. Si les parece bien, ¡duerman!, por favor, ocho horas esta noche. Luego, vuelvan a leer este material así nos garantizamos de que quede almacenada en la memoria la importancia del buen descanso.


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