Un buen desayuno es beneficioso para la concentración y la memoria a corto plazo; y hacerlo con la familia, ayuda al desarrollo de nuestra personalidad.

Desayuno para un cuerpo y una mente saludables

Fecha 19 de Septiembre de 2016

El ritmo de vida actual es muy diferente al que se llevaba décadas atrás. Los niños empiezan a ir a la escuela cuando todavía son muy pequeñitos, a veces con solo dos años. Muchos padres y madres trabajan fuera de casa; y cuando toda la familia está en la casa, pasan las horas pegados a la TV, la computadora o el celular. En muchos hogares los padres y los hijos casi no se conocen; la razón: no hay verdadera comunicación.

Una manera de revertir esta situación es “comprar el tiempo”. ¿A qué nos referimos? A establecer prioridades en la vida, diferenciar lo que realmente necesito de aquello que no es necesario. Para ello, es fundamental escuchar con calma a los demás con el objetivo de entender lo que sienten. ¿Por qué? Porque aprender a escuchar es un acto de amor. Es fundamental, además, esperar a entender una situación antes de decir lo que opinamos, mantener la calma y ser pacientes, aunque nos digan algo que no nos guste.

Se ha recalcado muchas veces que un buen desayuno antes de empezar el día es beneficioso para la concentración y la memoria a corto plazo ya que el cerebro consume el 25% de toda la glucosa del organismo. Sin esa energía, la atención y la capacidad de concentración decaen.

Pero... ¿se dieron cuenta de la diferencia entre la primera imagen y las otras tres? ¿En qué realmente difieren?

Tomar el desayuno con nuestra familia, contarnos cosas que vamos a realizar en el día, decirnos: “te quiero, mamá”, “te quiero, papá”, “gracias por preparar esto tan delicioso”, detenernos a mirarnos a los ojos, percibir las emociones de nuestros seres más queridos y darnos un fuerte abrazo ayuda a tener un día positivo. Esto no tiene precio para el desarrollo de nuestra personalidad.

Todo es cuestión de organizarnos y ver realmente cuáles son nuestras necesidades para una vida feliz... O, ¿acaso nos olvidamos de esta palabra esencial para una salud plena? ¿Hago esto parte de mi objetivo en la vida?

Es así como comenzamos en el Centro Integral de Niñez de Ingeniero White, dependiente de la Municipalidad de Bahia Blanca, con “neuro-desayunos”. Ordenar nuestro interior no es fácil, pero no es imposible.

Empezamos a introducir, en cada desayuno, historias con valores que nos hacen sentir bien y nos llevan a compartir experiencias, descubrir nuestros ideales, reconociendo, comprendiendo, valorando y respetando los sentimientos del otro. Aprendemos, gracias a eso, a autoobservarnos, a monitorear nuestras conductas y a automodelarnos. ¡Algunas mamás ya han compartido este espacio!

Buscamos, además, percibir nuestro estado interior, comprender los sentimientos y pensamientos con empatía, sentir con los otros, leer las señales emocionales no verbales, escuchar con absoluta receptividad. Las conexiones sociales positivas aumentan el buen humor y acotan el malo incrementando la función inmunológica en situaciones de estrés.

A medida que la amígdala disminuye su actividad con la reflexión o la meditación, la corteza prefrontal -asociada a funciones cerebrales superiores como la conciencia, la concentración y la toma de decisiones- aumenta su descarga de potenciales de acción. La conexión entre la amígdala y el resto del cerebro disminuye, mientras que las conexiones entre las áreas asociadas con la atención y la concentración se fortalecen.

Los cambios no se producen de un día al otro, se necesita tiempo y perseverancia, y con el transcurso de los días se va viendo en los niños la puesta en práctica de distintos valores: empatía, perseverancia, tolerancia, comprensión, superar los rencores, saber escuchar.

Aquí va una historia de ejemplo:

Título: Actitud

Un padre y su hijo caminaban por las montañas. De pronto, el niño se cayó, se hirió y gritó: “¡Aaahhh!”. Para su sorpresa, oyó que alguien repetía su grito en algún lugar de la montaña.

-¿Quién eres tú? -exclamó de mal modo. Y recibió como respuesta: “¿Quién eres tú?”.

Enfadado, gritó:

-¡Cobarde!

Y a lo pocos segundos escuchó esa misma palabra. Entonces, miró a su padre y le preguntó:

-¿Qué está ocurriendo? ¿Quién me habla y me trata tan mal?

El padre sonrió y le dijo:

-Hijo, presta atención. -Y le gritó a la montaña-. ¡Te admiro!

Y la voz contestó: “¡Te admiro!”.

Otra vez, el hombre gritó:

-¡Tú eres un campeón!

Y la voz respondió lo mismo.

Su hijo no comprendía qué estaba ocurriendo. Entonces su padre le explicó:

-La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida misma, porque al igual que el eco, te devuelve lo que has dicho; así la vida te devolverá todo lo que le des. Por eso sonríe, exprésate con palabras amables y verás como los demás te devuelven una sonrisa y te responden con amabilidad.

Reflexión:

Restablecer la paz, la vida comunitaria y el primer lugar de la familia es la gran tarea que nos espera en el futuro. ¡A no rendirse!


Bibliografía:

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