A partir de una encuesta realizada a más de 1700 participantes de diversos países, se pudieron observar algunos de los efectos de la cuarentena en la salud mental de los adultos.
  • 04 de Agosto de 2020

El impacto de la cuarentena en la salud mental de adultos de la Argentina, América Latina y Europa: ¿aislados, aburridos y angustiados?


Dr. Santiago Resett, CONICET/Universidad Argentina de la Empresa

Dra. Fabiola Iglesia, Universidad Católica Argentina


Entre los años 1347-1353, Europa y Asia fueron testigos de una de las pandemias más brutales de la historia: la peste negra o peste bubónica –por los bubones que producía en los cuerpos–. Un tercio de la humanidad murió debido a esta catástrofe. Hoy en día, la trágica película pareciera repetirse con el COVID -19 o coronavirus, con sus más de 669.000 muertos en todo el mundo. En la Argentina, la tasa de contagio ha aumentado exponencialmente y los más de 3.300 fallecidos generan angustia y desesperación. Al mismo tiempo, los más de 130 días de aislamiento social obligatorio incrementan la incertidumbre y el malestar en la mayoría de los ciudadanos y hacen pensar que –quizás– el remedio es peor que la enfermedad.

El doctor Santiago Resett –junto con un grupo de investigadores y el apoyo de la Asociación Educar para el Desarrollo Humano– llevó a cabo un estudio online con el propósito de evaluar los efectos psicológicos del aislamiento social obligatorio en adultos. Se encuestó a 1709 personas adultas (28% varones y 72% mujeres, con edades de 18 a 92 años) de nuestro país (60%) y otras naciones (13% de México, 10% de Ecuador, 7% de Paraguay, 4% de Chile, 4% de Colombia, 2% de países de Europa y el resto eran de otras nacionalidades de la América Latina). En lo referente al nivel educativo, un 2% había terminado la educación primaria; el 20%, el secundario; el 62%, el terciario/universitario y el resto de la muestra tenían nivel de posgrado. Completaron preguntas sociodemográficas, sobre la enfermedad (si había padecido síntomas, si estaba dentro del grupo de riesgo, etc.) y su estado de ánimo.

Con respecto a los resultados, el promedio de días de aislamiento que tenían los participantes – “prácticamente sin salir del hogar”– era de 40 días. Un 3% de la muestra señalaba haber padecido síntomas de la enfermedad; un 32% estaba dentro del grupo de riesgo (adultos mayores, enfermedades respiratorias, etc.); y un 2%, haber interactuado con personas que habían contraído la enfermedad. En lo referente al impacto del aislamiento en la vida de las personas, un 59% sostenía que sus ingresos financieros se habían visto afectados; un 8% se había quedado sin trabajo debido al aislamiento; casi un 25% había tenido “bastantes” o “algunos” problemas de convivencia (discusiones o peleas) por la cuarentena; para más de la mitad (54%), sus hábitos alimenticios se habían perjudicado (comer de más, beber mucho alcohol, etc.); un 45% indicaba aburrirse en estos tiempos y un 21%, problemas severos para dormir. Finalmente, un 37% señalaba que tenía miedo de morirse “algunas veces” o “todo el tiempo” y para un 34% le asustaba que la gente hable de la muerte o enfermedades. Las personas de riesgos para el COVID –adultos mayores, por ejemplo– presentaban mayores niveles de pensamientos relacionados con la muerte y la enfermedad. Por otra parte, también aquellas personas que sostenían que sus ingresos económicos se habían visto afectados por la cuarentena presentaban mayores puntajes de ansiedad, estrés y pensamientos relacionados con la muerte. Al realizar una comparación sobre los niveles de pensamiento sobre la muerte y la enfermedad por países, los más elevados eran el grupo del resto de América Latina (que incluía Cuba, Venezuela, Guatemala, Bolivia, entre otros); luego seguían –en orden decreciente– Colombia, Ecuador, México, Chile y Europa; finalmente, se ubicaban Paraguay y la Argentina con los menores niveles. Probablemente, diversos factores sociales, económicos y culturales, como también la aplicación de las medidas más o menos rigurosas de la cuarentena, expliquen estos hallazgos.

Como bien puso de manifiesto la presente investigación, el aislamiento no es fácil y tiene profundos efectos psicosociales, aunque su impacto depende de las características de los sujetos y de sus circunstancias. ¿Es el remedio peor que la enfermedad? Es una pregunta difícil de responder. Lo que sí se puede afirmar –a partir de este importante estudio con más de 1.700 participantes de diversos países– es que las secuelas para la salud mental y física de la cuarentena son notorias, con muchos de sus efectos, probablemente, persistentes en el tiempo.