Cuando una persona se nos parece en costumbres, ideas o parámetros que nos resultan similares, nuestro cerebro tiende a sentir confianza hacia ella. Si, además, come lo mismo, la seguridad que sentimos aumentará notoriamente.
  • 20 de Marzo de 2018

Confiamos más en quienes comen igual que nosotros

Los estudios sobre la confianza realizados desde un punto de vista neurobiológico presentan que la oxitocina (una neurohormona) se libera cuando creemos en los otros. Es decir, cuando confiamos, nos sentimos bien. 

Al parecer la oxitocina nos hace sentir seguros de los demás, un factor necesario para formar relaciones y creer en las personas con las que formamos pareja o con quienes interactuamos (grupos de amigos, colegas, etc.). 

La confianza fue un eje fundamental cuando en nuestros inicios debíamos enfrentar los peligros de cazar, por ejemplo, un mamut y necesitábamos unirnos en pos de un objetivo común para garantizar nuestra supervivencia. 

Un nuevo trabajo liderado por las investigadoras Kaitlin Woolley y Ayelet Fishbach, de la Universidad de Chicago, presenta una tendencia sumamente interesante: cuando alguien consume un mismo alimento que nosotros nos inspira más confianza. Esto tal vez esté arraigado en el pasado evolutivo y en el hecho de compartir la comida en grupo. 

Para su trabajo, las científicas informaron a varios voluntarios que debían trabajar de a dos para una investigación de mercado en donde uno de los pasos consistió en catar alimentos dulces. Los integrantes de las parejas podían degustar el mismo alimento o probar diferentes. 

Luego, ambos debían realizar un juego financiero. Uno recibía una suma de dinero y decidía cuánto le daría a su compañero, quien al tomarlo podía invertirlo para probar duplicarlo o considerar devolverle una parte a quien se lo había dado. Además de observar a los voluntarios, el equipo de Woolley y Fishbach realizó una encuesta y los resultados obtenidos mostraron que los miembros de las parejas que habían degustado el mismo dulce entregaban más dinero a su compañero y se sentían más cercanos a él. Asimismo, obtenían mejores resultados cuando negociaban con cuánto dinero se quedaría cada uno. 

Para profundizar su trabajo, las investigadoras sumaron un paso más: idearon y filmaron unos videos publicitarios en su laboratorio en donde el protagonista mientras promocionaba un artículo de limpieza del hogar o un programa informático comía en algún momento un chocolate. Aquellos voluntarios que habían consumido también un chocolate en la prueba inicial dijeron que el orador les parecía más confiable, a diferencia de quienes habían probado otro producto. 

De algún modo, nuestro cerebro interpreta el consumo de un alimento similar como una señal de confianza, consideraron las autoras. Ellas además observaron que otras coincidencias aleatorias como, por ejemplo, el color de la ropa, no producían el mismo efecto. 

La confianza como se expresó al principio fue fundamental en nuestros inicios y aún lo es. De hecho, la neurocientífica sueca Kerstin Uvnas Moberg, de la Kafkas University, manifestó que se relaciona con la buena salud. 

Cuando confiamos, nos sentimos seguros, acompañados por los otros y los efectos negativos del estrés disminuyen. Por ello, Moberg considera a la oxitocina como promotora de la salud. Tal vez no deberíamos dejar que la confianza surja solamente a través de factores azarosos como el comer algo similar con otra persona, sino comprender lo importante que somos los unos para los otros. Por esta razón, deberíamos comenzar a darnos cuenta de que los valores, el respeto y la palabra no pasaron de moda, sino que, por el contrario, en la actualidad debemos desarrollarlos en todos los ámbitos en donde actuamos. Así no sólo nuestras relaciones mejorarían sino también nuestra salud y sociedades.


Bibliografía:

  • Woolley, K., & Fishbach, A. (2014). A Recipe For Friendship: Similarity in Food Consumption Promotes Affiliation and Trust, in NA - Advances in Consumer Research Volume 42, eds. June Cotte and Stacy Wood, Duluth. Association for Consumer Research, 736-736. doi: 10.1016/j.jcps.2016.06.003
  • Uvnäs-Moberg, K. (2016). Oxytocin: The Biological Guide To Motherhood. New York: Praeclarus Press.

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