¿Usted considera que nuestro cerebro es una máquina perfecta? Realmente no lo es. De hecho, no es ni preciso ni bueno para memorizar y hasta se dispersa con facilidad. Sin embargo, en esta ineficiencia está su virtud porque sus imperfecciones son las que lo hacen dinámico y creativo.
  • 02 de Diciembre de 2019

El cerebro ineficiente: cómo los errores del cerebro logran que los humanos seamos creativos

Este artículo descubrirá la excelencia del funcionamiento cerebral. Porque el cerebro no es un órgano perfecto. Y si leyendo este artículo espera mejorar su habilidad para pensar o memorizar, eso no va a pasar porque el cerebro no es ni preciso ni bueno para memorizar o para calcular.

Es un cerebro disperso, fantasioso, que a menudo está distraído y fuera de foco, nunca es 100% confiable, juzga equivocadamente, frecuentemente es inexacto y olvida más de lo que recuerda.

Resumiendo: el cerebro es 1,3 kilogramos de errores. Usted lleva esa cabeza llena de burradas adonde quiera que vaya y me gustaría felicitarlo por esto.

Ahora que he asustado al lector (¿está aún allí?), me gustaría contarle que existe una razón para continuar leyendo este artículo. Es para mostrarle cómo precisamente estas imperfecciones ineficientes y “bloopers” neuronales le ayudan al cerebro a ser tan excepcional y exitoso.

El cerebro comete errores, algunas veces errores grandes, a veces pequeños, y no pasa un día sin que nuestro cerebro cometa un loco error de juicio. Subestimamos el tiempo que necesitamos para hacer algo, olvidamos lo que leímos o permitimos que el celular nos distraiga. Y todo esto es algo excelente. Porque estas supuestas debilidades e imperfecciones son las que hacen que su cerebro sea tan adaptable, dinámico y creativo.

Cualquiera que intente pensar siempre lo más correctamente posible, por el contrario, se pone en el mismo nivel que una computadora: Eficiente, preciso y veloz (pero también aburrido, predecible y poco creativo).

Los adultos olvidamos nombres y caras. Permitimos que los WhatsApp nos distraigan fácilmente o que un diluvio de mails nos desvíe de nuestros planes. Tenemos nombres en la punta de nuestra lengua que nunca llegan a nuestra mente. Calculamos erróneamente el tiempo así como también las probabilidades o los números. Entramos en estado de pánico y nuestra mente se pone en blanco cuando tenemos que hablar en público. Nos cuesta mucho retener información y aprender bajo presión.

Por otro lado, somos capaces de reconocer las canciones de nuestros cantantes favoritos con sólo escucharlos o la cara de nuestro ser amado con solo verlo.

Queremos optimización, precisión y perfección. ¿Y nuestro cerebro? ¡Hace exactamente lo opuesto, eludiendo estos objetivos! Muchas personas imaginan qué maravilloso sería si nuestro cerebro funcionara como una computadora. ¡Cuán concentrados, rápidos y eficientes seríamos para resolver problemas! Y es verdad, las computadoras no cometen errores, y si los cometen, se “cuelgan o tildan”. Pero los cerebros no se tildan (a menos que el medio ambiente “ayude”, pero eso es otra historia). Y esto se debe a que el cerebro trabaja de una forma completamente diferente. Son nuestros errores y nuestras inexactitudes los que nos hacen superiores a las computadoras.

De hecho, la biología parece contradecir la tendencia a la digitalización, esta palabra de moda de nuestros tiempos modernos que desea que las clases sean como redes de intercambios de datos y de análisis eficientes. “Clases del futuro”, “Análisis de Big Data”, “Aprendizaje Profundo”, no existe un área de nuestras vidas que no deseemos optimizar con el poder computacional de la máquina.

Sin embargo, las grandes ideas del futuro no vendrán de lo digital, sino del pensamiento analógico. O sea, vendrán de los cerebros, no de los smartphones. Las computadoras siguen las reglas, los cerebros pueden cambiarlas.

Las computadoras pueden vencernos en el ajedrez, pero esto no es signo de creatividad ni una causa de preocupación. Comenzaré a preocuparme cuando una computadora comience a cometer errores y luego señale: “¿Ajedrez? No, no me gusta, es aburrido. ¡Lo que me gustaría es jugar al World of Warcraft!”. Hasta que esto pase el cerebro humano continuará siendo superior, precisamente porque supuestamente funciona tan pobremente.

En estos artículos me gustaría mostrarle qué sucede detrás de escena en la estructura de pensamiento probablemente más errónea en el planeta (el cerebro).

Describir la forma en la cual el cerebro utiliza los errores para orientarse de la mejor forma posible en las situaciones sociales, para pensar nuevas ideas y para generar conocimiento.

Sí, comete errores en el proceso, pero la paradoja es esta: es a través de nuestras fallas y falta de concentración que se generan nuestros pensamientos más poderosos.

La mayoría de nuestras supuestas desventajas intelectuales tienen enormes ventajas. El hecho de que no podamos recordar nombres en forma inmediata es esencial para permitirnos desarrollar memorias dinámicas.

Nuestra propensión a ser fácilmente distraídos nos ayuda a pensar en forma creativa. Y nuestra tendencia a llegar tarde a un lugar porque calculamos erróneamente el tiempo es una cosa fabulosa, porque si nuestros relojes biológicos internos fueran exactos no seríamos capaces de saltar de memoria en memoria con la rapidez que tenemos y quedaríamos atrapados en un estado de recolección estática de memorias.

Aclaración: estos artículos no tienen como objetivo alabar todas nuestras debilidades intelectuales. No todo error tiene un aspecto positivo. Pero ser capaces de reconocer por qué el cerebro a veces no funciona “correctamente” es un paso importante para poder comprender esas debilidades.

Nos puede ayudar a que estemos más enfocados durante los momentos decisivos, a permitir el flujo de ideas creativas o a retener mejor las memorias. El cerebro es tal vez el mejor ejemplo de convertir vulnerabilidades en fortalezas.

Olvidando: por qué no recordará los contenidos de este artículo y, de esta manera, recordará la información más importante

No se asuste, pero le tomaré una evaluación. Quiero asegurarme de que usted, estimado lector, esté prestando atención.

Acá vamos: ¿cuáles fueron las primeras tres palabras de la página previa? Está bien, no es una pregunta fácil, no se preocupe. Pero tal vez pueda contestar ésta: ¿cuáles fueron las primeras tres palabras del inicio de este artículo? Y si aún esta pregunta fue difícil: ¿cuál es el título de este artículo?

En todo caso, ¿no es sorprendente? Usted agudizó todos sus sentidos y se focalizó para comenzar a leer (al menos eso espero). A pesar de eso no puede recordar algo que leyó solamente hace dos o tres páginas.

A veces sus sentidos comienzan a vagabundear o a veces uno se concentra tanto en lo que está leyendo que se olvida de lo que leyó hace solamente un momento. Esto sucederá a lo largo de todo este artículo sin importar cuán arduamente yo intente que el texto sea cautivante y motivador.

Como autor, naturalmente me sentiría muy feliz si el lector pudiera retener cada información que laboriosamente he tipiado. Pero como neurofisiólogo soy consciente de que el cerebro humano rara vez recuerda lo que ha leído.

Difícilmente alguien sea capaz de recordar palabra por palabra los contenidos de este artículo cuando termine (aunque si esto sucede, ¡por favor contáctese conmigo! Le enviaré ayuda médica y el comité del Libro Guinness de los récords se comunicará con usted).

Aparentemente el cerebro está en un estado permanente de olvido. Cualquier persona que ha manejado un largo trecho con su auto sabe de lo que estoy hablando. Está manejando despreocupadamente por un camino y luego se detiene después de una hora de conducir y se pregunta “¿en dónde estoy?”, como si de alguna manera hubiera cambiado a un modo piloto automático que le bloqueó su memoria.

¿Quién necesita un auto de Google que se conduce solo cuando nuestros cerebros ya han dominado el arte de la conducción autónoma?

El hecho de que no recordemos mucho acerca de un viaje a través de un paisaje puede ser debido a una de estas dos causas:

  1. El terreno circundante puede haber sido excepcionalmente aburrido.
  2. El cerebro simplemente decidió que debía borrar la mayoría de la información de los 60 minutos previos. Esta última es la opción seleccionada casi automáticamente por nuestro órgano “pensante”.

Esto no es una cosa tan mala cuando estamos manejando un auto. Pero existen otras situaciones durante las cuales nuestros cerebros no se dan cuenta de muchas cosas. ¿Cuál fue el titular del noticiero de la noche anterior? ¿Qué estaba pensando cuando se acostó ayer a la noche? ¿Cerró con llave la puerta cuando salió de su casa ayer a la mañana? Pregunta tras pregunta que su cerebro no desea contestar. ¡Qué órgano increíblemente descuidado! ¡Siempre borrando, olvidando y metiendo la pata! ¿Pero por qué es así? ¿Por qué el cerebro no recuerda más y por qué aniquila tanta información?

Ya sea si está lidiando con información banal o con datos realmente importante, el cerebro descarta con el mismo mecanismo. En estos tiempos de exceso de medios de comunicación, nos hemos acostumbrado a un pensamiento de corto plazo y a estar constantemente bombardeados por información nueva. A artículos que leemos por encima, pero que no retenemos. Productos nuevos que nos encontramos en nuestros celulares, pero de los que rápidamente nos olvidamos. Emails que nos inundan en una marejada de mensajes.

Nunca antes en la historia de la humanidad ha sido posible obtener tantos nuevos conocimientos y nunca antes en la historia ha sido tan complicado retener lo que es realmente importante.

¿Qué sucede en nuestros cerebros cuando olvidamos algo que acabamos de experimentar? ¿Y qué podemos hacer para evitar que la información importante se escape de nuestra memoria?

Un probador de memorias

Primero déjeme tranquilizarlo: no debe preocuparse si no puede recordar lo que leyó dos páginas atrás. No es la función de su cerebro guardar toda la información posible. Mucho más importante es que su cerebro olvide las cosas correctas en el momento correcto, borrándolas de su conciencia.

Las memorias no son estáticas, no son bits de datos a los que se puede acceder una vez que el cerebro los ha cargado al archivo neuronal. Más bien las memorias son dinámicas y están constantemente cambiando. Solamente de esta forma es posible que el cerebro genere conocimiento.

Para que el sistema nervioso pueda continuar funcionando, su cerebro se ha vuelto un experto en tirar cosas afuera de su cabeza para evitar que lo distraigan.

La información descartada pueden ser percepciones sensoriales, memorias, información nueva, etc. Para lograr que el recuerdo sea más flexible y adaptable el cerebro debe eliminar la mayor cantidad de información posible.

Solamente a lo que es muy importante se le permite entrar a nuestra conciencia, asegurando que luego lo podamos recordar.

Aunque el cerebro es un órgano muy poderoso y dinámico, teniendo en principio la capacidad de retener mucha más información de la que realmente posee, es bastante perezoso. Este es el motivo por el cual divide sus energías. Por esta razón, la información que entra en el sistema nervioso no es inmediatamente guardada en el cerebro a largo plazo sino es colocada en un período de prueba.

Nosotros hacemos lo mismo en nuestra vida, en la cual requerimos que ciertas cosas nos demuestren su valor antes de que les permitamos que se conviertan en elementos permanentes de nuestra rutina.

Imaginemos que usted va a un negocio a comprar un nuevo jean. Jamás agarraría el primero que vea en la primera mesa que se le cruza y lo compraría. Primero lo probaría, ¿no? Iría al probador y se pondría el jean y prestaría atención a si le queda cómodo y a si le queda “lindo”.

El cerebro hace esencialmente lo mismo. Bueno, no exactamente lo mismo porque nuestras redes neuronales son “un poquito” más complicadas que nuestras prendas. Pero el principio es similar: antes de decidir si enviamos algo a la memoria de largo plazo (o sea que esté disponible durante mucho tiempo) tiene que pasar por un período de prueba.

Nuestro “probador intelectual” es el hipocampo, una estructura con forma de banana localizada en la cara medial del lóbulo temporal. Debido a que el primer neuroanatomista que describió esta estructura creyó que se parecía al caballito de mar la nombró hipocampo (el término en latín para caballo de mar). A veces me pregunto qué tipo de drogas psicoactivas consumía este neuroanatomista porque no veo qué similitud tiene esta estructura con la forma del caballo de mar. ¡Para mí, tiene forma de banana!

La función del hipocampo es guardar las memorias de corto plazo. Toda la información que será guardada en la memoria de largo plazo primero será “probada” en el “vestuario” del hipocampo. Al igual que cuando probamos si el jean nos queda bien, el cerebro también decide si esa potencial memoria nos “va bien”, “nos queda cómoda” en relación a nuestra experiencia previa.

La información es, por lo tanto, depositada en el hipocampo, un proceso que puede durar de unos segundos a unas pocas horas. El hipocampo recupera y analiza la información más tarde (a más tardar mientras usted está durmiendo) para decidir si debe ser guardada en la memoria de largo plazo. El criterio decisivo para esta decisión es cuan original e innovadora es.

Solamente cuando algo realmente nos promete que nos puede beneficiar de alguna forma y claramente resalta como divergente en relación con las experiencias previas, que la información será “comprada” o, más bien, guardada en la memoria de largo plazo.

Esta “transacción” también tiene un costo, específicamente: energía, que nuestras neuronas deben producir para que nuestras sinapsis puedan crear una memoria de largo plazo.

El gasto de energía es el motivo por el cual el cerebro es cauto en relación a recordar información. Solamente la información más valiosa es guardada, casi todo lo demás es olvidado, aun cuando sea algo que veamos todo el tiempo.


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Imagen: Freepik