Cuando una relación romántica termina se genera un dolor emocional que también se traslada a un sufrimiento físico real. Esta sensación puede durar algunos meses, pero esto es una parte natural de ese proceso de curación, como un síntoma que asegura la “desintoxicación”.
  • 27 de Mayo de 2016

El cerebro y el desamor

El amor romántico no es un invento occidental como afirman algunos. De hecho, los antropólogos han encontrado evidencias de amor romántico en 170 sociedades, y esto es lo que otorga pistas de que el enamoramiento es algo para lo que el cerebro parece genética y biológicamente preparado.

Como tantas experiencias que vivimos, el amor tiene un impacto fuerte sobre nuestras vidas. Cuando es recíproco nos sentimos las personas más felices sobre la Tierra, pero cuando nos abandona nos hace sentir muy mal.

Es cierto que el amor no siempre es una experiencia feliz. A veces se ama profundamente a alguien que rechaza o viceversa, pero siempre las malas rupturas dejan vacíos, desolación, profunda confusión y exigen al organismo. Lo que amerita una pregunta: ¿Duele el desamor?

Los neurotransmisores, sustancias químicas que se encuentran dentro del cerebro y que sirven para que las neuronas puedan comunicarse unas con otras, son responsables de pensamientos, sentimientos y acciones. Cada neurotransmisor se relaciona con una función distinta y se encuentra en más cantidad en alguna región que en otra. Uno de ellos es la dopamina, la cual tiene un efecto estimulante y se ubica sobre todo en el sistema de gratificación, en las partes más primitivas del cerebro. Esta zona cerebral, precisamente, se encarga de regular los deseos y las motivaciones, de decidir dónde poner el foco de la atención o de activar los mecanismos de búsquedas de todo aquello que se cree necesario para poder estar bien.

De hecho, el amor romántico hace que este sistema de gratificación trabaje al 100% y nos genere un sentimiento muy intenso (inclusive puede ver al objeto de deseo como a una especie de obsesión) por la persona de la cual estemos enamorados. Lo curioso es que antes del desamor la obsesión empeora en lugar de detenerse, y si bien lo que más se desea es dejar de amar, el cerebro se obstina en poner en marcha las mismas zonas que se activan cuando el enamoramiento está presente. Por lo tanto, el amor y el dolor son muy intensos.

Es lo mismo que sucede cuando no se logra algo que se pretende profundamente en cualquier otro ámbito de la vida. Se activa la parte del cerebro que regula las ansias, los deseos, las motivaciones y el foco de la atención, y por acción del núcleo accumbens no permite olvidar lo que se anhela.

Es el mismo núcleo cerebral que se activa ante el riesgo o en situaciones con posibilidad de ganancias o grandes pérdidas. Y no me refiero solo a temas económicos, sino a cualquier tipo de decisiones en las que sea posible ganar o perder y en las que optar no siempre es fácil.

A la vez, se activa la zona cerebral que regula el apego profundo y es la responsable de los arrebatos que causa el desamor. Es aquella que trabaja al máximo cuando al mismo tiempo que se está impregnado por los sentimientos que causa el amor romántico, aparece, conjuntamente, un profundo vínculo hacia esa persona especial y el circuito de recompensa hace sentir una energía intensa, un enfoque agudo y una motivación penetrante capaz de hacer arriesgar todo para conseguir lo que uno quiere. Si no se es capaz de poner freno al impulso, este puede llegar a hacer muchas cosas de las que más adelante, con la cabeza más fría, nos arrepentiremos.

El enamoramiento comparte muchas características con la adicción a las drogas o con cualquier otra adicción. La obsesión y concentración exclusiva en una persona determinada, distorsiona la realidad e impulsa hacer cualquier cosa con tal de conseguirla.

Este es el motivo por el que el desamor comparte otros dos fenómenos que son propios de la "dependencia". Por un lado, la "tolerancia" representada por el hecho de que cuanto más se ve a la persona deseada, en lugar de sentir calmo al deseo, sucede lo contrario y todo se exacerba. Por otro lado, por la misma ruptura aparece el llamado "síndrome de abstinencia" que lleva a recaer una y otra vez en el proceso de abandonar una relación que puede estar causando mucho daño.

Las investigaciones científicas demuestran que si bien el enamoramiento no dura para siempre, lo que funciona para superar una ruptura es el mismo recurso que para sortear cualquier adicción. Esto sucede porque en todos esos casos el patrón es el mismo: la activación de las neuronas localizadas en el circuito de recompensa y la liberación de dopamina.

Por eso el desamor duele y mucho, porque el proceso de ruptura es como volver a enamorarse, pero al revés, y las reacciones a nivel neuronal provocadas por la pasión romántica son similares en ambos casos.

Estudios enfocados en estudiar la actividad cerebral de personas hundidas tras una ruptura amorosa muestran que ellas generan actividad en regiones cerebrales que controlan la angustia y el dolor físico. El resultado final de estos trabajos comprueba actividad en los sistemas que controlan la manera en la que el cuerpo reacciona ante el dolor, y como respuesta a los estímulos, los sistemas también pueden desencadenar reacciones como, por ejemplo, liberar hormonas del estrés y afectar la actividad de todo el organismo.

En resumen, el amor, cuando se acaba, duele, y ese sufrimiento físico es real. Puede alargarse durante meses solo que el dolor es una parte natural de ese proceso de curación, como un síntoma que asegura la "desintoxicación".

Además esos mismos escáneres cerebrales que muestran a la persona de corazón roto lidiando con el dolor y con el síndrome de abstinencia amorosa, también exhiben actividad en zonas específicas del cerebro, como la zona prefrontal, la cual está involucrada en la expresión de la personalidad, en la toma de decisiones o en la planificación de comportamientos cognitivamente complejos. Dicho de otro modo: mientras uno sufre, la química del cerebro ya está trabajando para reconducir el comportamiento y equilibrar las emociones. De este modo, pone al que sufre el desamor de nuevo en movimiento y listo para superar el trance. Sin embargo, a grandes rasgos, para superar el desamor es necesario apartarse totalmente de la persona amada, evitar los lugares y actividades que podrían llevar fácilmente a una recaída, distraerse e iniciar nuevas actividades, aunque, al principio no existan muchas ganas…

Todo dolor acaba pasando. Es cuestión de tiempo. No obstante siempre queda un consuelo, porque, como dice una frase: "Es mejor querer y después perder, que nunca haber querido".


Biblografía:

  • Lisa, M. (2004). Diamond. Emerging Perspectives on Distinctions Between Romantic Love and Sexual Desire. Current Directions in Psychological Science, 13(3):116-119.
  • Fisher, H. E. (1988). Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Human Nature, 9(1):23-52.
  • O’Leary, K. D., Acevedo, B. P., Aron, A., Huddy, L., Mashek, D. (2012). Is Long-Term Love More Than A Rare Phenomenon? If So, What Are Its Correlates? Social Psychological and Personality Science, 3(2):241-249.
  • Cacioppo, S., Bianchi-Demicheli, F., Hatfield, E., Rapson, R. L. (2012). The neuropsychology of passionate love. Clinical Neuropsychiatry, 9(1):3-13.
  • Acevedo, B. P. (2011). The neural basis of long-term romantic love. Soc Cogn Affect Neurosci, 7(2):145-159.