Cuando la tarea no es interesante, el niño no la va a querer hacer, lo que generará conflictos en casa, con sus padres, y un distanciamiento del placer por aprender, además de agregar horas a la ya desmedida carga horaria escolar.
  • 26 de Julio de 2018

¿Basta de deberes?

Desde siempre se ha debatido si los deberes son beneficiosos o no para los niños.

Pensemos juntos…

No hay evidencia científica que demuestre que los deberes ayuden a los chicos a ser mejores alumnos. Ni siquiera los llevan a crear hábitos o a trabajar la responsabilidad, porque más que una opción, hacerlos es una obligación y no brinda la posibilidad de elegir.

Por otro lado, cuando un padre o una madre ponen a su hijo a hacer tareas que no le resultan interesantes, seguramente las hará por obligación o directamente las dejará a un lado. Esto, sin duda, lo frustrará, lo enojará, generará tensiones en el hogar, afectará la relación con el adulto y la impresión que el niño tenga acerca de aprender.

El cerebro es social. Se aprende mejor en el aula, con otros compañeros, que solo en casa.

Si los chicos llegan del colegio, meriendan, hacen los deberes, se bañan y se acuestan, ¿cuándo juegan? ¿Cuándo leen por placer? ¿Cuándo se relacionan con sus amigos? ¿Cuándo son niños?

Y después nos quejamos de que los chicos están cansados, estresados y hasta angustiados.

No nos olvidemos de que muchas de las cosas que hacen los adultos para “motivar” a los niños a aprender producen que no quieran hacerlo. Si los chicos repiten contenidos en un cuaderno o cumplen con los deberes con la ayuda de los adultos, ¿cuándo trabajan la creatividad o el placer por aprender? Si los padres terminan resolviendo las tareas, no estarán fomentando una conducta autónoma, que es lo que en definitiva se busca.

Si se asignan deberes, por favor, que estos sean significativos, relevantes e interesantes. Que generen un desafío digno de ser enfrentado y pongan en juego su creatividad. Que ayuden al alumno a comprender que gracias a su esfuerzo y perseverancia, podrá aprender y mejorar. Es decir, hacer deberes debe tener un objetivo en sí. Sino, lejos de ayudar, se convierten en una herencia del viejo sistema educativo.


Referencias: