La adicción a la nicotina es una de las más peligrosas para nuestra salud. Sin embargo, poco se sabe de cómo enfrentar las tentaciones en general. ¿Qué recursos tenemos para hacerlo y cómo podemos mejorar de cara al futuro?
  • 14 de Enero de 2016

La adicción a la nicotina

Nuestra vida está llena de rutinas: el café, té o mate de la mañana, el recorrido hacia el trabajo, el modo en que doblamos la ropa, etc. Todas son imprescindibles para poder dejar libre a nuestro cerebro de tener que pensar en cada cosa que debemos hacer.

Sin embargo, algunos rituales pueden no favorecernos, como en el caso de los fumadores el de encender un cigarrillo. Por ello nuevas investigaciones buscan comprender la adicción a la nicotina también desde esta perspectiva, ya que como presenta la Organización Mundial de la salud (OMS), la dependencia a esta sustancia presenta un muy alto impacto en la salud pública.

Al igual que toda sustancia adictiva la nicotina está relacionada con las vías de la dopamina que implica regiones cerebrales como el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, entre otras, asociadas con la anticipación, búsqueda y obtención del placer.

La simple visión de imágenes que muestran, por ejemplo, una mano con un cigarrillo observada por personas altamente fumadoras genera en sus cerebros una acentuada y fuerte activación del sistema de recompensa cerebral, según estudios realizados en la Universidad de Duke, en Durham, Estados Unidos.

No solo las zonas del placer se ven estimuladas, sino también la corteza sensorial ―especialmente la visual de los individuos con adicciones― que actúa con mayor intensidad ante imágenes relacionadas con las sustancias que se consumen, demostraron las investigaciones Arthur Brody de la Universidad de California. Otro estudio que presenta cómo responde la corteza motora de los adictos, en este caso a la cocaína, es el de Thomas Kosten quien pudo observar cómo la estructura se activa al ver películas relacionadas con esta droga.

En cuanto a la adicción a la nicotina no solo produce una mayor velocidad para detectar los estímulos visuales, sino que también incluye a otras zonas vinculadas con la anticipación, planeamiento y manipulación de objetos.

Nuestro cerebro aprende rutinas motoras y esto permite que cuando estamos frente a objetos conocidos se activen áreas que nos posibilitan estar preparados para manipularlos si es necesario.

En el caso de los fumadores existe un patrón de acciones que acompañan el acto de llevarse un cigarrillo a la boca. Por ello ceniceros, encendedores o cajas de cigarrillos pueden ser considerados estímulos condicionantes, tal como lo expuso Stephen Tiffany en los años 90.

Para corroborar esto, Yalachkov, nuevamente a través de RMf, observó los cerebros de voluntarios mientras veían imágenes de este tipo de objetos y encontró que las regiones sensoriomotrices relacionadas con la acción de fumar se activaban marcadamente.

Estos estudios presentan cómo desde el deseo hasta la acción de encender un cigarrillo implican la integración de información multisensorial y que para un adicto hasta la simple visión de un cenicero puede producir en su cerebro el disparo de una sucesión de respuestas que lo lleven a fumar.

Las adicciones nos afectan y la nicotina es una de las que tal vez nos parezcan menos grave en la inmediatez, no obstante sus efectos son muy serios y además perjudican a los llamados fumadores pasivos (personas que conviven con quienes fuman). Según lo publicado en el sitio del Ministerio de Salud de la Republica Argentina, el consumo de tabaco es la principal causa de enfermedad, discapacidad y muerte en el mundo. Cada año mueren más de 5 millones de personas a causa del tabaquismo y si no se toman medidas adecuadas en el año 2030 serían 10 millones de muertes; 7 millones de ellas en países pobres. Hasta la fecha se han publicado miles de artículos y revisiones sobre el tema que muestran que el tabaquismo se asocia con alteraciones en todos los órganos y sistemas del cuerpo.

Las cifras asustan, aunque leer todo esto no alcanza para que alguien deje de fumar. Pero, ¿qué pasaría si como parte de nuestra educación, desde pequeños, pudiéramos conocer lo que sucede en nuestro cerebro y los motivos por los cuales para el mismo es un gran esfuerzo afrontar una adicción? Debemos saber que contamos para enfrentar las tentaciones y vicios con una función ejecutiva muy relevante como lo es la inhibitoria, que facilitará poner freno o vetar el impulso a consumir una sustancia adictiva. Tal vez sería más sencillo de jóvenes tomar la decisión de no probar un cigarrillo y cuidar así de la salud.

Si bien las investigaciones buscan contribuir con tratamientos integrales que ayuden a quienes ya son adictos, la educación y prevención es fundamental para que en tiempos venideros el tabaco ―entre otras drogas― ya no sea el gran problema que se anuncia. El derecho a un cerebro sano es de todos, y aprender a conocer y cuidar del mismo se transforma en un bien necesario.


Bibliografía:

  • Brody, A. L., Mandelkern, M. A., London, E. D., Childress, A. R., Lee, G. S., Bota, R. G., Ho, M. L., Saxena, S., Baxter, L. R. Jr., Madsen, D., & Jarvik, M. E. (2002). Brain metabolic changes during cigarette craving. Arch Gen Psychiatry, 59(12):1162-72.
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  • Yalachkov, V., Kaiser, J., Naumer, M. J. (2009). Brain Regions Related to Tool Use and Action Knowledge Reflect Nicotine Dependence. The Journal of Neuroscience, 29(15):4922-4929. doi: 10.1523/JNEUROSCI.4891-08.2009