En repetidas oportunidades los docentes consideran algunas de las conductas de los adolescentes como extremas. Sin embargo, esto está encuadrado en una cosmovisión obsoleta, y muchas de las actitudes deben ser analizadas por el adulto a cargo teniendo en cuenta la necesidad permanente de revisar y actualizar las prácticas.
  • 07 de Septiembre de 2016

Actividad áulica para nivel medio

Nuestro cerebro es quien genera nuestras emociones, sensaciones, pensamientos, sentimientos, creaciones, percepciones e imágenes mentales. Todos estos son factores que conforman el contenido de nuestra mente y, de una u otra forma, se manifiestan como algunas de nuestras conductas.

La inteligencia emocional es el conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo, sus reacciones, estados mentales, etc., y que puede definirse, según psicólogo Daniel Goleman, como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Según el concepto de Inteligencias múltiples del psicólogo Howard Gardner, ese término incluye dos tipos de inteligencias:

La intrapersonal que está compuesta a su vez por una serie de competencias que determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos. Esta inteligencia comprende tres componentes:

  • Conciencia en uno mismo: es la capacidad de reconocer y entender las propias fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, así como el efecto que estos tienen sobre los demás y sobre el trabajo.
  • Autorregulación o control de sí mismo: es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.
  • Automotivación: es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones.

Y la Inteligencia Interpersonal cuyas competencias tienen que ver con el manejo social efectivo, la capacidad de relacionarse con quienes nos rodean y de crear una red de relaciones interpersonales sanas. Esta inteligencia comprende los siguientes componentes:

  • Empatía: es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y para responder correctamente a sus reacciones emocionales.
  • Destreza social: es el talento en el manejo de las relaciones con los demás, en saber persuadir e influenciar a los otros.

Estas cinco competencias son muy útiles para cuatro áreas fundamentales de nuestra vida:

  • Propenden a nuestro bienestar psicológico, base para el desarrollo armónico y equilibrado de nuestra personalidad.
  • Contribuyen a nuestra buena salud física, moderando o eliminando patrones y hábitos psicosomáticos dañinos o destructivos, y previenen enfermedades producidas por desequilibrios emocionales permanentes (angustia, miedo, ansiedad, ira, irritabilidad, etc.).
  • Favorecen nuestro entusiasmo y motivación. Gran parte de nuestra motivación en distintas áreas de la vida está basada en estímulos emocionales.
  • Permiten un mejor desarrollo de nuestras relaciones con las personas, en el área familiar-afectiva, social y laboral-profesional.

Teniendo en cuenta los componentes de cada una de estas inteligencias, detallaremos ahora las características de los problemas emocionales actuales de los adolescentes.

  • Crisis de oposición: experimentan la necesidad de autoafirmarse, de formar un yo diferente al de sus padres -a los que han estado estrechamente unidos hasta ahora-, de autonomía, de independencia intelectual y emocional.
  • Desarreglo emotivo: se manifiestan a veces con la sensibilidad a flor de piel y otras parecen carecer de sentimientos.
  • Imaginación desbordada: sueñan, y esto no es más que un mecanismo de defensa ante un mundo para el que no están preparados. A través de este medio transforman la realidad, imaginan un porvenir deseado (tiene como referentes a modelos, futbolistas de elite, actores, etc.). Creen que pueden cambiar el mundo, hacerlo mejor.
  • Narcisismo: le dedican extensas horas a su imagen personal, al espejo. Le conceden una importancia extrema a su físico, puede lamentarse por un grano en la nariz, obsesionarse por la ropa, por estar gordos o delgados. Quieren estar constantemente perfectos, aunque su visión de la estética no tenga nada que ver con la nuestra.

Crisis de originalidad:

Presenta dos aspectos:

a) Individual: afirmación del yo con gusto por la soledad, el secreto, las excentricidades en el vestir o en la forma de hablar o de pensar. Necesitan reformar, transformar el mundo, ser distinto y especial.

b) Social: rebelión en cuanto a los sistemas de valores de los adultos y las ideas recibidas (rebelión juvenil). Achacan al adulto sobre todo su falta de comprensión y el hecho de que atentan contra su independencia. Hay una necesidad clara de participación: la uniformidad en el lenguaje y en la vestimenta de los adolescentes no es más que la necesidad de afecto, de ser considerados, aprobados por el propio grupo (tendencia que a veces puede vivenciarse de una forma obsesiva).

Veamos ahora qué sentimientos reales acompañan a estas manifestaciones y cuáles son consecuencia directa de las crisis que está atravesando.

  • Sentimiento de inseguridad: sufren a causa de sus propios cambios físicos que no siempre van parejos con su crecimiento emocional, puesto que la pubertad, es decir, la madurez física, precede a la psíquica. Por este motivo, a veces se encuentran con un cuerpo de adulto que no corresponde a su mente y, por lo tanto, no se reconocen. Desarrollan así una fuerte falta de confianza en sí mismos.
  • Sentimientos de angustia: experimentan una frustración continua. Por una parte, se le pide que actúe como un adulto (en sociedad, responsabilidad) y por otra se lo trata como a un niño (se le prohíbe vestir de una u otra forma, se reglamentan sus salidas nocturnas, etc.).

Esta angustia es la reacción a la tensión que el chico soporta y que se manifiesta con las siguientes tendencias:

a) Agresividad: como respuesta a la frustración, la agresividad es un mecanismo habitual. Son claros ejemplos de esta reacción la cólera del adolescente ante la negativa a sus exigencias, la irritabilidad, la propensión a la violencia (que por lapsos supone una bajada de tensión momentánea), las malas contestaciones, los portazos, las reacciones desmedidas en las peleas con los hermanos, etc.

b) Miedo al ridículo: este aspecto se encuentra exageradamente presente. Es un sentimiento social de vergüenza que se manifiesta en situaciones específicas (atravesar un sitio con mucha gente, ir con ropa poco apropiada para el grupo, etc.) y que puede tener manifestaciones físicas: taquicardia, trastornos gastrointestinales, etc.

c) Angustia expresada de modo indirecto: algunos ejemplos de esta manifestación son el miedo al examen (quedarse en blanco), timidez extrema, miedo a desagradar, reacción de rechazo cuando se le dan muestras de cariño tanto en público como en privado.

d) Sentimientos de depresión: se expresa a través de la necesidad de estar solo, la melancolía y la tristeza, estados que pueden alternar con instancias de verdadera euforia.

Estas características entran dentro de la normalidad de un chico o una chica adolescente, pero por supuesto, dentro de ciertos límites. La angustia, la depresión, la irritabilidad, el ir contra las normas, puede volverse patológico cuando es exagerado, cuando vemos que el adolescente está sufriendo mucho y hace sufrir a los demás, cuando se altera toda su vida y se ve absolutamente condicionada de forma que se aleja en exceso de la realidad.

Esta visión del adolescente actual nos lleva a repensar que muchas de las conductas de nuestros alumnos consideradas como extremas no lo son tanto, sino que están encuadradas en una cosmovisión “no moderna”, donde muchas de las actitudes deben ser analizadas por el adulto a cargo teniendo en cuenta la necesidad permanente de revisar y actualizar las prácticas.

Propuesta de actividad para el aula:

  • Elegir un espacio que no sea el habitual.
  • Realizar una pequeña relajación (puede utilizarse música).
  • Proyectar una escena de la película Escritores de la libertad: www.youtube.com/watch?v=o8d2xGWIRsQ 

(En la película, la protagonista, una profesora de educación secundaria, ante un grupo con muchas dificultades sociales y de conducta, les propone un juego a sus alumnos. Traza una línea en el piso y pide que de acuerdo a las preguntas que ella les hace aquellos que responden positivamente se acerquen a la línea. Así los chicos, a través del juego, comprenden que todos tienen muchas cosas en común a pesar de creer que no los une nada).

  • Debatir acerca de lo que comprendieron y sintieron al ver el video.
  • Analizar por qué surgen en los grupos las diferencias y los conflictos, observando también las coincidencias (intereses comunes, rutinas y gustos).
  • Reformular las preguntas en referencia a la realidad grupal. Realizar hipótesis de lo que sucederá en su grupo.
  • Invitarlos a que, al igual que en la película, cuando se sientan identificados con una respuesta, comiencen a levantarse.
  • Realizar la puesta en común y verificar la hipótesis realizada: comprobar que los unen más cosas que las que los separan.
  • Solicitarles que piensen en un compañero o una compañera con quien habitualmente no conversan, pero que a partir de esta experiencia sienten que tienen algo en común, y que, sin detallar el nombre, piensen en una buena cualidad de esa persona. Escribirlo en un papel.
  • Entregar el papel al compañero.
  • Cerrar el encuentro con una canción significativa para el grupo o para la docente en referencia a la experiencia.

Bibliografía:

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