21 de Abril de 2016

El valor de los vínculos afectivos para la salud

Nuestro cerebro se caracteriza por su sociabilidad y busca relacionarse con otros continuamente. Esto es fundamental para nuestro equilibrio emocional y físico. Las personas con mejor salud y sociedades más sanas se construyen cuidando y valorando el respeto, la comunicación y la generación de vínculos humanos.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).


Los seres humanos somos una especie altamente social, y es por ello que la soledad puede afectarnos tanto emocional como físicamente. Desde muy pequeños debemos aprender el valor y los beneficios que tienen las relaciones y el afecto en nuestras vidas para cuidar de las mismas y también para ocuparnos de que nadie esté solo o se sienta aislado.

Tan importante es para nosotros, los homo sapiens sapiens, la vida de relación que nuestro cerebro vive el dolor emocional del mismo modo que el físico, tal como lo ha demostrado una investigación realizada en Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos.

Los investigadores de la UCLA invitaron a un grupo de voluntarios a participar de un videojuego que tenía como característica que en algún momento pudieran sentirse excluidos o dejados de lado por otros. Durante la actividad escanearon los cerebros de los participantes, lo que les permitió ver que cuando las personas notaban la falta de pertenencia en sus cerebros se activaba cingular anteriorla corteza cingular anterior, un área que procesa el dolor físico y lleva a mantener la atención en el mismo para solucionar lo que nos ocurre.

Esto sucede también en el dolor emocional debido a lo importante que ha sido para nuestros ancestros formar parte de grupos y, gracias a ello, sobrevivir a los peligros del mundo natural. En Neurosicoeducación presentamos al instinto gregario como algo que fue fundamental para estar vivos: solos no podíamos enfrentar a enemigos que nos superaban en fuerza física. Este instinto sigue actuando y siendo sumamente importante en nuestras vidas.

Nuestro cerebro percibe la soledad como algo peligroso, y por ello activa el sistema de alerta y la liberación de hormonas del estrés, buscando que nos ocupemos de no seguir en este estado.

Imaginemos lo difícil que debe ser para un alumno estudiar sin compañía o cómo se sentiría un empleado en su trabajo si no se siente aceptado. Los especialistas dicen que todas las especies gregarias, hasta las más simples, ven afectada su salud ante la soledad.

El año pasado en la Universidad Brigham Young, en Utah, Estados Unidos, se realizó una investigación que se llevó a cabo a través de un meta-análisis de estudios efectuados a lo largo de 34 años, sobre salud, soledad y aislamiento social en distintos países. Dentro de las variables se incluían aquellas en las que las personas estaban solas y también en las cuales la percepción era la de estar solos aun en compañía o viviendo con otros.

Julianne Holt-Lunstad, quien lideró el trabajo, expresó que los resultados encontrados en todos los estudios sugerían claramente que tanto el estar realmente solos como sentirlo tiene efectos negativos sobre la salud y puede compararse con los afectos adversos producidos por la obesidad. En años anteriores esta investigadora y su equipo ya se habían dedicado a este tema relevando datos de 150 estudios en donde se consideró que la falta de amistades equivalía a fumar 15 cigarrillos diarios.

Los investigadores de la Brigham Young continúan evaluando y sumando otros estudios a su trabajo, y expresan que se mantienen los resultados: tener amigos y relaciones sociales fuertes contribuyen a vivir más y mejor, y que la salud en todas las edades se ve afectada por la soledad.

Otro trabajo interesante sobre este tema fue el efectuado en el Instituto de Investigación de Medicina del Comportamiento en la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, en donde se descubrió que las personas que se encuentran solas generan mayores niveles de proteínas relacionadas con la inflamación que surgen ante el estrés. Mucho tiempo de soledad lleva al estrés crónico, vinculado a numerosas enfermedades (artritis, diabetes de tipo 2, Alzheimer, etc.) y baja del sistema inmune.

Es obvio que estar acompañados no implica una vida sin inconvenientes, pero sí significa tener compañía ante los mismos, lo que disminuye los efectos de la situación estresora. Conversar con otros nos hace sentir queridos, tenidos en cuenta y produce que nuestro cerebro libere neurotransmisores como la oxitocina, una especie de anti hormonas del estrés. Además una charla cuando estamos mal va acompañada casi siempre de un abrazo contenedor, algo sumamente beneficioso para toda nuestra UCCM (unidad cuerpo cerebro mente), en donde las endorfinas surgen naturalmente.

Científicos de la Universidad Carnegie Mellon de Pensilvania, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Virginia y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, demostraron con sus investigaciones cómo el apoyo social y los abrazos aumentan y mejoran el sistema inmunológico. Y son muchos más los estudios que se pueden nombrar y han encontrado la enorme relación existente entre salud e interacción con los otros.

Nuestro cerebro evolucionó y está diseñado para formar parte de grupos: desde pequeños necesitamos del contacto con los otros y está necesidad nos acompañará a lo largo de toda la vida.

Las conductas trascendentes le dan además sentido a nuestra vida, y placer al cerebro. Por ello las áreas y vías de recompensa cerebral se ven premiadas cuando ayudamos a los otros o cuando los otros lo hacen con nosotros; siempre en estos gestos ambas partes saldrán premiadas con la liberación de neurotransmisores, entre los que se encuentra la dopamina.

Es importante la actividad física y comer adecuadamente para mantener la salud, algo que mucha gente hace, pero casi todos se olvidan o no saben que es fundamental también abrazar, decir palabras afectuosas, dar una sonrisa, escuchar a otro y darnos tiempo para compartir.

Para estar sanos debemos cuidar cotidianamente el cultivar los buenos vínculos. Así que tal vez sea un buen momento para tomar una muy buena decisión: dedicar todos los días tiempo con nuestros hijos, pareja, padres, familiares, amigos y personas que nos necesiten.

¡El premio con estos actos está garantizado con mayor salud y una muy buena dosis de neurotransmisores del placer para unos y otros!

Bibliografía:

  • Eisenberger NI, Lieberman MD, Williams KD. Does Rejection Hurt? An fMRI Study of Social Exclusion. Science 10 Oct 2003: Vol. 302, Issue 5643, pp. 290-292. DOI: 10.1126/science.1089134.
  • Holt-Lunstad J, Smith TB, Baker M, Harris T, Stephenson D. Loneliness and Social Isolation as Risk Factors for Mortality: A Meta-Analytic Review. Perspectives on Psychological Science, 2015; 10 (2): 227 DOI: 10.1177/1745691614568352.
  • Jaremkaa LM, Fagundesa CP, Glasera R, Bennette JM, Malarkeya WB, Kiecolt-Glasera JK. Loneliness predicts pain, depression, and fatigue: Understanding the role of immune dysregulation. Psychoneuroendocrinology, Volume 38, Issue 8, August 2013, Pages 1310–1317. DOI: 10.1016/j.psyneuen.2012.11.016.
  • Cohen S, Janicki-Deverts D, Turner RB, Doyle WJ. Does hugging provide stress-buffering social support? A study of susceptibility to upper respiratory infection and illness. Psychol Sci. 2015 Feb;26(2):135-47. DOI: 10.1177/0956797614559284.

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