31 de Julio de 2017

¿Qué es el rendimiento sustentable?

El estilo de vida desordenado, la falta de descanso y la mala alimentación afectan negativamente las emociones, pensamientos y capacidad de atención. Por esta razón, para tener un mejor rendimiento en nuestro trabajo u otras áreas de la vida, es necesario equilibrar otras dimensiones y variables del desempeño que si no satisfacen condiciones mínimas, tiran por la borda cualquier capacidad o destreza técnica.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


Hace un tiempo, un gerente general de una organización me solicitó ayuda para trabajar con una persona que dependía de él: se trataba de una mujer jefa de área, perteneciente a las gerencias medias de dicha compañía. Esta joven señora, a su vez, tenía nueve personas a su cargo y era responsable de un área que tomaba contacto directo con los clientes externos. 

Este gerente estaba intranquilo por las dificultades que se evidenciaban en torno a la comunicación, bajo registro de su lenguaje no verbal (cuerpo), capacidad de análisis para resolver inconvenientes con los clientes y poca empatía con sus colaboradores. Pero, fundamentalmente, me recalcaba con frustración que no comprendía la involución en el rendimiento de esta jefa.

Cuando comenzamos con la primera entrevista de relevamiento con esta joven responsable de area, le pedí que me contara la dinámica de su organización en los diferentes roles que desempeñaba. No sólo en la vida laboral, sino también en la personal.

Entonces, surgieron cuestiones claves: dormía 4 horas por día, su alimentación era desordenada y tenía multiplicidad de roles en su persona (jefa, madre, hija y esposa) que la hacían padecer mucha presión por la falta de tiempo.

Su esposo y ella trabajaban durante todo el día de corrido, por lo que al regresar a su hogar comenzaban con otro desafío mayor: reencontrarse con sus hijos, organizar su hogar, decidir, coordinar y planificar el próximo día: todo ello demandaba irse a dormir a altas horas de la noche.

Entonces, ¿cuál dimensión del rendimiento de esta madre/jefa había que comenzar a trabajar?

Sin dudas, la prioridad en el comienzo no debía ser la dimensión técnica. El aspecto a trabajar y ordenar era su estilo de vida, descanso y alimentación, dado que estaban afectando de una manera negativa y disfuncional su biología, emociones, pensamientos y capacidad de atención. La dimensión biológica se refiere a nuestro cuerpo, a los indicadores somáticos que están fuertemente influenciados por la calidad de nuestro descanso, alimentación y emociones.

Es decir, para lograr mejoras en el rendimiento de esta persona, había que equilibrar otras dimensiones y variables del desempeño que si no satisfacen condiciones mínimas (horas de sueño, alimentación adecuada, etc.), tiran por la borda cualquier capacidad o destreza técnica.

¿Cuáles son las dimensiones del rendimiento sustentable?

1. Técnica y operativa: conocimientos, habilidades cognitivas y aptitudes. Estas dimensiones tienen que ver con un oficio o una actividad que se desarrolla, ya sea personal o laboral. Esta dimensión es la que da inicio a un oficio: si no hay un saber determinado, conocimientos o destrezas, no hay rol posible.

Para ejercer el rol de padre debemos adquirir habilidades que nos acrediten frente a nuestros hijos; para ocupar la función de chofer, hay que tener las aptitudes para poder conducir y transportar gente; para ser futbolista debo poseer condiciones técnicas y tácticas del juego; para ser líder debo ganarme el respeto de mis colaboradores por mis capacidades para dirigir y gestionar.

Es decir, cualquier rol o función que desempeñe tiene un saber que es la base inicial. El mismo se puede potenciar, perfeccionando la técnica, planificando diferentes horizontes temporales, aceitando procesos y circuitos que hacen a la curva de experiencia y dominio de la complejidad técnica. La dimensión técnica es interdependiente con las restantes variables del rendimiento. Esto significa que la técnica influye en la emoción, por ejemplo, en la confianza. A su vez, las emociones iniciden sobre la técnica. Como así también la técnica puede verse afectada o no explotada en su máxima expresión si el estilo de vida no acompaña al nivel que demandan los requerimientos técnicos del rol.

2. Competencias: son las características de personalidad puestas de manifiesto en el ámbito laboral (actitudes y acciones). De acuerdo con el rol que se desempeñe, se requerirán de distintas competencias; esto implica que las mismas están relacionadas a un rol y a una jerarquía.

Si ocupo el rol de gerente de producción, unas de las competencias podrían ser “capacidad de planificación y organización, visión estratégica de negocios”. En otro caso, si soy vendedor, deberé contar con tolerancia a la presión, predisposición y buen humor, perseverancia. Es decir, las competencias se deben definir en función del rol que se cumple y precisarán acciones orientadas a potenciar la técnica.

3. Biología, cerebro y mente: los aspectos biológicos tienen relación directa con nuestro cuerpo, pero aquí hablamos de un todo, de una Unidad Cuerpo Cerebro Mente (UCCM). Todas las personas y seres vivos formamos parte de una evolución y atravesamos ciclos de vida que debemos tener en cuenta para estudiar nuestro rendimiento en un rol determinado.

Esta unidad, además del cuerpo, tiene un hardware que es nuestro cerebro y un software que es la mente (tomando esta expresión como una metáfora simplista). Las emociones son fundamentales para vivir. Una persona que no gestione sus emociones es un peligro, pero una persona que no tiene emociones todavía es más peligrosa. Sin emociones no hay inteligencia que valga y, además, no podemos tomar ninguna decisión que sea exclusivamente lógica. Las emociones están reguladas por las áreas más antiguas de nuestro cerebro (Sistema Instintivo Emocional), que es la parte que compartimos con todos los mamíferos.

Las emociones son un sistema de guía de nuestro organismo para aproximarse o evitar un estímulo del mundo. La felicidad no está relacionada con factores externos, sino con cosas como el compromiso y la vida con significado. Éstas son cosas que se pueden cambiar. Como señala el prestigioso neurocientífico Antonio Damasio, cuando te invade una emoción, por ejemplo, el miedo, hay un estímulo que tiene el poder o la capacidad de desencadenar lo que es en esencia una reacción automática. Esta reacción empieza en el cerebro, pero luego pasa a reflejarse en el cuerpo. Y, entonces, tenemos la posibilidad de autogestionarla cuando tomamos conciencia de ella. Es decir, un sentimiento es una emoción consciente. Sentir es percibir todo el proceso que tiene un estímulo externo que impacta en nuestra mente. Se refleja en nuestro organismo (cuerpo) y luego viene un sentimiento de conocimiento, porque detectamos qué sucede y podemos hacer algo con ello.

4. Estilo de vida: los hábitos saludables influyen de manera determinante en todo el proceso explicado en el punto anterior. Llevar una alimentación y descanso sanos serán claves para nuestro cuerpo y emociones. El proceso de sueño adecuado es un descanso de no menos de siete horas, que de faltar afectan nuestro nivel de ansiedad, autoestima y confianza. Por lo tanto, esto influye en nuestra técnica y competencias comunicacionales.

La comunicación tiene aspectos técnicos, pero fundamentalmente es una emoción. Tiene que ver con interpretación, registro y con reconocer nuestro propio estado y el de los demás.

La actividad física es clave para nuestro cerebro y corazón (cuerpo); además, genera un neurotransmisor como la endorfina que nos da un estado de bienestar y felicidad que nos permite rendir mejor.

A modo de cierre debemos decir que si bien hemos desintegrado los conceptos y dimensiones del rendimiento sustentable para una mayor comprensión, debiéramos verlo como un todo, dado que existe una fuerte interrelación. Todas estas dimensiones son las causas que explican los buenos o malos rendimientos que tenemos en el rol que desempeñamos. Este modelo es aplicable a cualquier ámbito de la vida: personal, profesional o laboral. No sólo se debe cambiar los asuntos técnicos, primero debemos cuidar de nuestra UCCM para lograr que se exprese en su máximo potencial.

Bibliografía:

  • Arteaga D., Gabriel; Quebradas A., David A. Funciones ejecutivas y marcadores somáticos: apuestas, razón y emociones. El Hombre y la Máquina, núm. 34, enero-junio, 2010, pp. 115-129. <http://www.redalyc.org/pdf/478/47817108012.pdf>
  • Damasio, Antonio R. (2000). The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness. Editor: Harcourt Brace & Co. ISBN-10: 0156010755.

Imagen: Designed by Jcomp / Freepik


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