¿Por qué a veces nos despertamos y no nos podemos mover?


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¿Alguna vez tuvo esa espantosa sensación de despertarse y no poder mover ni un solo músculo? ¿A qué se debe esa horrible impresión de estar despierto pero paralizado en la cama, esperando impacientemente durante unos minutos interminables hasta que nuestros músculos recuperen su movimiento?

La explicación de esto es la siguiente: durante el sueño con movimientos oculares rápidos (o sueño MOR) se produce la parálisis de todos nuestros músculos estriados somáticos (es decir, los que están bajo el control de nuestra voluntad, excluyendo al diafragma ―¡esto es una verdadera suerte!―), los extra-oculares y los que movilizan los huesecillos del oído medio. Todo este proceso es activado por el tronco cerebral. 

Esta parálisis muscular es adaptativa ya que durante la etapa MOR se produce la mayor parte de nuestra actividad onírica. Si bien no todos tenemos los mismos sueños, generalmente estos muestran como patrón común el hecho de mostrarnos inmersos en distintas actividades tales como correr, volar u otras acciones de carácter motor de gran intensidad.

Por esta razón, es muy atinado que estemos paralizados durante este período. Si no fuera así utilizaríamos nuestra cama como el escenario de todas nuestras peripecias, con un gran riesgo para nosotros y nuestra compañera o compañero de lecho. No obstante, existe una rara patología en la cual esta parálisis del sueño MOR no se produce y no es raro que el paciente o su acompañante de cama sufran traumatismos de diversa intensidad.

Cuando nos despertamos el tronco cerebral, en forma sincrónica, activa las redes neuronales relacionadas con el estado de vigilia (como el sistema reticular ascendente) y desactiva las que generan la parálisis muscular.

Sin embargo, en un bajo porcentaje de la población estos comandos no se producen de manera sincronizada, activándose los circuitos neuronales propios de la vigilia y, unos minutos más tarde, inhibiendo los responsables de la parálisis muscular. Esta actividad neuronal asincrónica es la responsable de esa feísima sensación de la conciencia “paralizada”.

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