¿A medida que envejecemos oímos peor?


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El camino del sonido comienza cuando éste arriba al canal auditivo externo en donde alcanza el tímpano, una membrana con la capacidad de vibrar al ser estimulada por las ondas sonoras. De este modo se desencadena el movimiento de tres pequeños huesos (martillo, yunque y estribo) que transmiten esta información hacia la cóclea, la cual lo transforma en un impulso nervioso que hace relevos en los núcleos del tronco encefálico y tálamo, para finalizar en el neocórtex lateral temporal.

Cuando nacemos nuestro sistema auditivo tiene la capacidad de detectar hasta 30.000 vibraciones por segundo (VPS), algo que desciende a unos 20.000 VPS al llegar a la adolescencia y se reduce bruscamente en la tercera edad, alcanzando los 12.000 VPS.

La pérdida de capacidad auditiva es lógica con el paso del tiempo, dado que las estructuras dentro del oído se desgastan, reduciendo sus capacidades. Además, el mundo actual es un gran desafío para nuestra audición, no solo por la contaminación acústica que aumentó bruscamente en las ciudades ―llegando hasta niveles seriamente dañinos― sino también por el uso de auriculares que en muchos casos tapan los canales auditivos. Se estima que la capacidad auditiva de los adolescentes de hoy en día disminuyó un 30% comparativamente con los jóvenes de 1980.

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