¿Por qué escuchar el sonido del agua -o verla fluyendo- puede darnos ganas de orinar?


Material de uso libre, sólo se pide citar la fuente (Asociación Educar).


Si bien la ciencia no tiene una conclusión única para este suceso, gran parte de las teorías apuntan al funcionamiento del sistema urinario y su relación con el ambiente en donde nos desarrollamos como especie.

Todo comienza en los riñones, los encargados de realizar diversas funciones. Entre las más destacadas se encuentra la de excretar a través de la orina desechos de nuestro organismo (como la creatinina, la urea y el ácido úrico) que se van depositando en la vejiga para luego ser trasladados hacia el exterior por el último tramo del sistema urinario: la uretra.

La parte automática de este proceso es controlada por el sistema nervioso autónomo que,  al llenarse la vejiga, le indica al esfínter interno (conjunto de músculos de tipo liso e inconsciente encargados de controlar su vaciamiento) que se abra. No obstante, para nuestra suerte, existe el esfínter externo (ubicado en la parte inferior de la uretra) que depende del control consciente, permitiéndonos voluntariamente –aunque sea por algún tiempo– controlar la expulsión de orina.

Este sistema, que parece relativamente sencillo, puede verse afectado positivamente o negativamente por factores externos:

El sistema nervioso parasimpático (parte del sistema nervioso autónomo encargado de controlar la apertura del esfínter interno) se torna más activo en los momentos de serenidad. En situaciones de estrés o de incertidumbre, como las generadas por falta de agua, activa en nuestro cuerpo el sistema nervioso simpático (que cumple la función opuesta al parasimpático) que al considerar que no puede reemplazar el líquido perdido el organismo, le indica a los riñones retener la mayor cantidad posible y contrae el esfínter interno –uno de los primeros síntomas de deshidratación, aun leve, es la disminución en la cantidad de orina–.

Aquí es donde escuchar el sonido del agua o verla fluyendo, le brinda información que le permite a nuestro cerebro predecir que existe una fuente donde podemos hidratarnos de forma segura (por eso muchos sentimos serenidad al ver un lago u oír una cascada, algo que raramente sucede al ver el agua estancada –que tiene mayores posibilidades de estar contaminada–) e indica al sistema nervioso parasimpático que puede activar el sistema urinario, pues ya no existe riesgo de deshidratación. Sin embargo, como nuestro sistema nervioso no puede predecir cuánto durará el libre acceso al agua de forma segura intentará que el proceso suceda lo más rápido posible.

En el mundo actual esto parecería carente de sentido o desactualizado, dado que la gran mayoría de las personas abre la canilla de su casa y tiene agua potable sin riesgo de ser atacadas por un león. Sin embargo, esta realidad es algo muy actual en la historia de gran parte de la humanidad (el primer acueducto fue construido por los romanos en el año 312 a. C.), ya que según Organización Mundial de la Salud (OMS) todavía 748 millones de personas no tienen acceso al agua potable de forma sostenida. 

Más curiosidades: clic aquí.


Te invitamos a conocer nuestra página de Facebook: NeurocienciasAsociacionEducar. Actualmente 760289 personas disfrutan de nuestras publicaciones gratuitas.