¿Por qué algunas personas tienen más frío que otras?


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Con la llegada del verano al hemisferio sur se encienden los aires acondicionados y dentro de las oficinas, aulas y hogares comienza la “gran” batalla: con la temperatura en 24° Denise tiene mucho frío; Emanuel, excesivo calor; Pablo está bien con el aire apagado y una ventana abierta y Alejandro, con frío si se prende el aire, pero con calor si se apaga, aparejando un sinfín de escaramuzas. 

Para la tranquilidad de todos, existe un justificativo biológico: el sistema de regulación de la temperatura corporal es comandado por un área de nuestro cerebro llamada hipotálamo, encargada principalmente de mantener la homeostasis del organismo. Digamos, regula que todo funcione de la forma más estable posible, intentando evitar las fluctuaciones en la temperatura corporal. Su objetivo es mantenerla entre los 36 y 37 grados. 

En cuanto al frío, la piel posee un tipo de células sensoriales, llamadas termorreceptores que envían información al cerebro de la temperatura que nos rodea. En el caso de que el medio en el cual estemos nos dificulte mantener la temperatura corporal dentro de los parámetros ideales, se iniciarán algunas acciones involuntarias: principalmente aumentará el flujo sanguíneo en el interior de nuestro cuerpo, reduciendo el que transita por los capilares y vasos sanguíneos cerca de nuestra piel y extremidades. Es por eso que en ocasiones sentimos las manos, pies, nariz y orejas muy frías y nos vemos algo pálidos. 

En ese mismo orden, comienza la piloerección ―más conocida como "piel de gallina"― que tiene por objetivo retener el calor, intentando crear una cámara de aire entre el exterior y nuestra piel. Si bien esto es algo muy útil para la mayoría de los mamíferos, en nuestro caso no sirve para mucho. 

En situaciones más extremas, nuestro cuerpo puede comenzar a temblar y los dientes a tiritar, dado que el movimiento y los espasmos musculares son una forma de generar rápidamente calor. 

Retomando el interrogante del inicio, ¿por qué algunos somos más "friolentos" que otros? 

Como todo lo que sucede en el cuerpo, existen diversas cosas que pueden influir en la percepción de la temperatura. Entre ellas podemos destacar: 

El grosor de la piel: esto es algo completamente genético. A mayor grosor, más protección ante las temperaturas externas y menor pérdida de calor interno. 

Cantidad de grasa corporal: los lípidos no son buenos para disipar el calor, por el contrario, son retenedores. Por consiguiente, al igual que la piel, a mayor cantidad más protección. Quienes son más flacos o tienen un bajo índice de grasa corporal probablemente estén menos protegidos ante las bajas temperaturas. Esto no quiere decir que todos debamos engordar, ya que esto trae consigo muchos más riesgos que ser un poco más "friolentos". 

Las sobreeexigencias: el estrés continuo afecta negativamente a todo nuestro sistema nervioso autónomo, siendo un factor que dificulta una correcta homeostasis. 

Privación prolongada del sueño: produce como primer síntoma sensación de frío excesiva. 

Consideramos oportuno aclararles: si esto es muy persistente o fuera de los parámetros "normales", comparándonos con nuestros amigos y familiares, es un momento ideal para visitar al médico. Por ejemplo, la tiroides al aumentar el metabolismo corporal, acrecienta la temperatura corporal. Por consiguiente, una excesiva sensibilidad al frío puede ser un signo de hipotiroidismo. 

Recomendaciones para quienes tienen frío con el aire acondicionado encendido (brindadas por alguien que disfruta de los ambientes frescos):

  • Utilizar un abrigo.
  • Disfrutar de alguna bebida caliente.
  • Evitar estar sentados durante largos lapsos de tiempo.
  • Realizar actividad física con regularidad.

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