¿Se achica nuestro cerebro?


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Con el paso del tiempo, aproximadamente a partir de los veinticinco años, el cerebro comienza a achicarse y su deterioro se acelera luego de la quinta década de vida. Este proceso ocurre aun en personas sanas sin ninguna enfermedad neurodegenerativa. 

Esa disminución en el volumen de la masa cerebral no se debe tanto a la muerte masiva de neuronas, sino a la pérdida de conexiones dendríticas entre ellas y a cambios en su estructura. Esto acontece en áreas del lóbulo temporal, principalmente en el hipocampo y en sectores de la corteza prefrontal, que en algunos casos afecta la memoria y la rapidez mental.

La disminución en el volumen de la masa cerebral se debe a múltiples factores: pérdida de neuronas en algunas regiones, acortamiento de prolongaciones celulares (las dendritas reducen su distribución y se acortan), disminución del flujo vascular por aterosclerosis. 

Si bien es el camino normal en los seres humanos, en los animales es diferente. 

Investigadores de la Universidad George Washington, EE.UU., estudiaron el cerebro de chimpancés (de entre diez y cincuenta y un años) y de humanos (de veintidós a ochenta y ocho años) a través de resonancias magnéticas, y encontraron que los primates no sufren de una reducción significativa del volumen con el paso de los años, algo que sí sucede en los seres humanos. 

Según los científicos, las diferencias podrían deberse a la longevidad de nuestra especie y también al gran consumo energético que requiere nuestro cerebro para funcionar (más del veinte por ciento de la energía disponible en el cuerpo), si se lo compara con el de los chimpancés (alrededor del diez por ciento de la energía total). 

En esa misma línea, otros estudios apuntan que, además de ser un proceso normal en nuestra especie, existen factores como el medioambiental y los asociados al estilo de vida que también podrían estar involucrados en esta circunstancia: 

Contaminación del aire: científicos del Beth Israel Deaconess Medical Center y de la Universidad de Boston realizaron un estudio con más de 900 personas, en el cual descubrieron que aquellos participantes que vivían en zonas con mayor contaminación poseían un volumen cerebral menor al de quienes habitaban en lugares con menor polución (esta pérdida de masa cerebral era aproximada a la ocurrida en un año de vida). Además, las personas expuestas a un aire de peor calidad tenían un cuarenta y seis por ciento más de posibilidades de padecer un accidente cerebrovascular. 

Consumo excesivo de alcohol: estudios llevados adelante por el Wellesley College de Massachusetts, EE.UU., evaluaron las consecuencias del consumo de alcohol de forma reiterada en 1.839 personas durante treinta años, dividendo a los participantes en cinco categorías, que iban desde quienes no consumían alcohol hasta individuos que lo hacían de forma excesiva y recurrente. El estudio reveló que las consecuencias de la ingesta desmedida de alcohol son inexorables, siendo uno de los perjuicios más negativos la pérdida de volumen cerebral, que disminuye un 1,9% cada diez años, además del aumento del número de lesiones en la sustancia blanca. Si bien muchos estudios demuestran que el consumo moderado de alcohol puede ser bueno para el corazón, sus efectos en el cerebro podrían ser contraproducentes. 

Desde ya, los más afectados fueron los consumidores de una gran cantidad de bebidas alcohólicas, en especial las mujeres, quienes podrían ser más sensibles a los efectos del alcohol. 

Estrés o depresión: una investigación realizada por la Universidad de Yale concluyó que existe una relación entre el estrés crónico y la depresión con la pérdida de volumen cerebral, condición que lleva a la alteración emocional y cognitiva. 

Mala alimentación y falta de actividad física: la Universidad de California, en San Francisco, analizó por veinticinco años a más 3.300 personas con edades comprendidas entre los dieciocho y los treinta. El estudio concluyó que aun durante la juventud descuidar el corazón (controlando la presión arterial, el nivel de glucosa y de colesterol) también podría afectar las capacidades cognitivas. Estos factores disminuirían el suministro de sangre al cerebro, lo que causaría cambios en su estructura, además de desencadenar un desequilibrio entre la producción de oxígeno reactivo y la capacidad de un sistema biológico de detoxificar , fenómeno que dañaría las neuronas, intensificándose desde los cuarenta años en adelante.

Por esta razón, desde la juventud, debemos vigilar los tres factores mencionados y ajustar nuestra rutina y dieta para que se mantengan en valores normales, ya que protegerán el sistema cardiovascular y también el cerebro. Las personas que practican con regularidad una actividad física, combinando ejercicios aeróbicos con anaeróbicos, presentan menores posibilidades de sufrir una disminución en el tamaño de su cerebro. 

Consumo de tabaco: una investigación realizada en Londres por el King College en 8.000 personas mayores de cincuenta años comprobó que los riesgos aparejados al tabaquismo tienen una influencia negativa en la capacidad mental en general, asociándose a una merma en la calidad del aprendizaje y, por consiguiente, a peores resultados en pruebas de memoria y de habilidades de planificación. 

Asimismo, investigadores de la Universidad de Edimburgo analizaron, a través de resonancia magnética, el cerebro de 504 personas, con una edad promedio de setenta y tres años. Descubrieron que los fumadores habían sufrido una mayor perdida en el volumen de la corteza cerebral. 

Los investigadores de la Universidad George Washington, que evaluaron el cerebro de chimpancés y humanos, afirman que las áreas de nuestro cerebro más afectadas por el paso de los años son: el hipocampo (disminuye su volumen en un trece por ciento) y el lóbulo frontal, que alcanza una pérdida del catorce por ciento en la materia gris (integradas fundamentalmente por núcleos neuronales) y un veinticuatro por ciento en la materia blanca (compuesta por fibras nerviosas mielinizadas, las cuales contienen, sobre todo, muchos axones que son la parte encargada de las neuronas de transmitir información hacia otras células nerviosas). 

En la actualidad, estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) registran un nuevo caso de demencia relacionada al deterioro cognitivo asociado con la edad cada cuatro segundos. Esto significa un total de 47,5 millones de personas. Esta cifra sorprendente podría duplicarse en tan solo quince años. Por esta razón, la humanidad en su conjunto debe fomentar un estilo de vida que proteja a todo el organismo y, primordialmente, al cerebro. 

¿Existen diferencias en los hombres y las mujeres? 

El doctor Edward Coffey, presidente del departamento de psicología del Sistema de Salud Henry Ford, estudió el cerebro de 330 personas de entre sesenta y seis y noventa y seis años de distinto sexo. En su trabajo, encontró que las participantes del sexo femenino sufrían una menor pérdida de masa cerebral, además de conservar durante más tiempo sus capacidades mentales. 

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Colaboradores y revisores:

Dr. Luis María Labath Casís

  • Médico Especialista en Medicina Interna otorgado por la Escuela de Medicina Interna de Buenos Aires.
  • Director Médico del Hospital José M. Cullen (350 Camas; Nivel IX; Alta Complejidad). Periodo: 2002-2007 (cese por jubilación
  • Presidente del comité de Docencia e Investigación del hospital J. M. Cullen. Periodo: 2002-2007 (cese por jubilación).
  • Miembro de Honor de la Asociación Médica Argentina.
  • Designado como Maestro de la Medicina Latinoamericana por la Asociación Médica Latinoamericana.
  • Posgrado en Ciencias Cognitivas, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos.

Dr. Roberto Rosler

  • Médico Neurocirujano egresado con Diploma de Honor, Universidad de Buenos Aires.
  • Docente Adscrito a la Cátedra del Departamento de Neurocirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
  • Profesor de Neurofisiología de la Carrera de Médico Especialista en Neurología de la Universidad de Buenos Aires.
  • Profesor de Neurología y Neurocirugía I de la Facultad de Ciencias Médicas de la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires (UCA).
  • Coordinador y Profesor de Neuroanatomía de la Maestría en Neuropsicología de la Escuela de Medicina del Instituto de Medicina del Hospital Italiano de Buenos Aires (IUHI).
  • Profesor de Bases biológicas y neurológicas de la conducta de la Facultad de Psicología de la Universidad de Belgrano (UB).

Dr. Carlos Logatt Grabner

  • Médico, Universidad de Buenos Aires.
  • Máster en Neurociencia y Biología del Comportamiento, Universidad de Murcia.
  • Médico Especialista en Oncología, Hospital Militar Central Cirujano Mayor Dr. Cosme Argerich.

Imagen: dreamstime.com


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