13 de Junio de 2017

La empatía: sus características

Para enseñarle sobre empatía a sus alumnos es vital que previamente desarrolle la propia. Luego, entre todos, podrán crear espacios para ponerla en escena, para sentirla y para practicarla.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


La empatía es más que la repetición de unas técnicas de escucha. Florece cuando la persona, además de desarrollar esta habilidad, cree con convicción que:

  1. Pensar, ser y sentir diferente no es una equivocación.
  2. Las demás personas, sin importar sus diferencias, son sus semejantes, con derechos y deberes.
  3. Conectar con otras formas de ser supone una desconexión con el mundo propio para concentrar la energía en la expresión de la otra persona (quitarse el zapato propio).
  4. Es deber de los seres humanos garantizar el derecho de las otras personas a ser, a dejarlas ser.
  5. Como seres humanos estamos dotados para actuar con empatía. Igual que para muchas otras cosas, solo se darán frutos si cultivamos esa dotación.

“Camina un rato con mis zapatos”. Proverbio indio 

Cómo aprenderla:

Como las demás habilidades para la vida, la empatía se aprende haciendo. Por lo tanto, para enseñarla de poco sirven los consejos y discursos largos. Es necesario crear espacios para practicar, para ponernos en escena, para sentir y para conmovernos.

“La empatía es algo como la honestidad o la integridad. Un niño que sabe cómo los otros se sienten, y cómo sus acciones afectan al resto, tiene mayores posibilidades de generar un comportamiento honesto. La empatía es la clave de todas las virtudes”. Mary Gordon

Bien dicen por ahí que nadie puede dar de lo que no tiene. Por esa razón, comience por la promoción y desarrollo de su propia empatía antes de pretender que su grupo de adolescentes la ejerciten.

Enseñarla implica aprenderla. Para esto, le proponemos que en cada encuentro inicie o cierre con alguna actividad que le permita conocer cómo se está sintiendo cada persona del grupo.

De manera conjunta realice un acuerdo con el grupo en el que construyan un listado de palabras para nombrar distintos estados de ánimo que suelen experimentar. A cada uno asígnenle un número

1: decaimiento;

2: entusiasmo;

3: tristeza;

etc.

A continuación, propóngales que al inicio de cada encuentro revisará la asistencia llamándolos por su nombre. Según como se estén sintiendo, deberán responder no con el acostumbrado “presente”, “sí” o “aquí2, sino con el número que corresponda:

- Jessica - 10: “Estoy contenta, es viernes”.

- Patrick - 9: “Excitado, un poco nervioso…”.

Así lo hacen en una clase de Ciencia del Yo, en el Centro de Aprendizaje Nuevo, una escuela en San Francisco, California. Es una experiencia que describe Daniel Goleman en su libro “La inteligencia emocional”, que vale la pena practicar, estableciendo previamente las reglas del juego que velen por la escucha atenta y respetuosa de la palabra ajena. Será una práctica que le permitirá no solo saber cómo se están sintiendo, sino también enseñar empatía sin discurso sino con un hecho concreto.


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