02 de Noviembre de 2017

La época de Don Quijote y la Neurociencia

Sobre la base de que se estaba viviendo en mundo de cambio, se observarán en este artículo los avances anatómicos y la visión mecánico-estructural durante el Renacimiento.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


Basado en el artículo de Antonio Araguz

“En un lugar de la Mancha” jamás especificado se inician las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote, un personaje que fue hijo de su tiempo. Su autor, don Miguel de Cervantes Saavedra, nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547 y murió en Madrid el 22 de abril de 1616. 

El autor de la primera parte del Quijote era viejo para las expectativas de vida de entonces. Tenía 58 años y llevaba una vida complicada a sus espaldas.

Su poco conocida biografía –lo desconocemos casi todo de él– es reflejo de la accidentada historia de la España inestable que fluía entre los reinados de Felipe II y Felipe III, una España que se deslizaba irremediablemente desde la gloria a la derrota. La percepción de cambio de valores impera en la novela y Cervantes se hace eco de ello. Como ocurre con nuestra generación, vivió más un cambio de época que una época de cambio.

Aunque Cervantes fue hijo y bisnieto de cirujanos, no hay en su obra atisbo de familiaridad con la práctica de la medicina. Las andanzas del Quijote se desarrollan en el medio rústico, por lo que son barberos-cirujanos y no médicos los relacionados con la salud rural.

Los avances anatómicos y la visión mecánico-estructural del cosmos durante el Renacimiento cristalizaron en una imagen del organismo humano similar a una “fábrica”, tanto en su composición como en su funcionamiento.

El médico Gómez Pereira nació en 1500 en la pujante villa castellana de Medina del Campo. Estudió medicina en la universidad de Salamanca.

En su obra se esboza un claro rudimento de lo que después se llamaría “reflejo condicionado”.

Sobre la base de que el hombre es la más perfecta de todas las criaturas, vemos que su planteamiento –crudamente mecanicista– es que los animales carecen de alma racional y sensitiva. Aunque son como máquinas maravillosamente diseñadas, cuando reciben un estímulo externo responden de una forma predeterminada, con un patrón de comportamiento característico, como autómatas.

Al prescindir del concepto de “alma”, que él asimila a “inteligencia”, su teoría del automatismo de las bestias se encuentra en la base misma de la fisiología moderna y es un ejemplo del método mecanicista que descarta cualquier residuo metafísico aristotélico en la explicación de los procesos naturales.

La obra de Gómez Pereira constituye el primer intento moderno de entender el funcionamiento cerebral excluyendo los conceptos galénicos de “alma” y “espíritu”. Su lectura ayuda a entender las circunstancias que contribuyeron a transformar el pensamiento medieval en mentalidad moderna.

En 1587, la madrileña imprenta de Pedro Madrigal editó un libro de pretencioso título: Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos: la cual mejora la vida y la salud humana, caracterizada por la originalidad de sus planteamientos fisiopatológicos y por su amplia difusión.

Estaba prologado por una carta arrogante y osada, dirigida al rey Felipe II, el personaje más poderoso de la época, en estos términos: “Tan extraño y nuevo es el libro, cuanto es el Autor. Este libro faltaba en el mundo, así como otros muchos sobran. Todo él faltó á Galeno, á Platon, y á Hipócrates en sus tratados de natura humana, y á Aristóteles cuando trató de anima, vita, et morte. Faltó también á los naturales, como Plinio, Eliano, y los demás, cuando trataron de homine. Ésta era la philosofia necesaria, y la mejor, y de más fruto para el hombre, y ésta toda dejaron intacta los grandes filósofos antiguos”.

Libro y prólogo están firmados por una mujer, doña Oliva Sabuco de Nantes y Barrera.

El carácter ginocéntrico y defensor de la igualdad de género supondría una mentalidad extraordinariamente adelantada para el humanismo español. Sin embargo, las investigaciones han sacado a la luz documentos que muestran que el autor fue en realidad el bachiller Miguel Sabuco, padre de Oliva. Por misteriosas razones, excepto la reconocida testamentariamente de “sólo para darle honra y no el provecho ni interés”, otorgó la autoría a su hija para después revocarla ante notario, porque los beneficios económicos de la obra, de inusitado éxito con nueve ediciones y numerosas reimpresiones, se los reservaba para él.

Miguel Sabuco Álvarez nació en Alcaraz (Albacete) hacia 1525. Estudiante en Alcalá entre 1541- 1543, obtuvo título de bachiller en derecho canónico, sin que haya constancia de que tuviera formación médica.

Poco más conocemos de él, como tampoco conocemos las razones que lo llevaron a esconder su nombre en la obra, publicándola con el de su hija, que carecía de estudios y que tendría 19 años cuando el libro salió de la imprenta.

Nueva filosofía es un manifiesto donde, además de cuestiones médicas y terapéuticas, se trata de cosmología, derecho, sociología, religión y agricultura. Está distribuido en siete capítulos, los primeros de los cuales se denominan “Coloquios”.

El primer coloquio se titula “Coloquio del conocimiento de sí mismo, en el cual se dan grandes avisos; por los cuales el hombre entenderá su naturaleza, y sabrá las causas naturales por qué vive, y por qué muere, o enferma, evitar la muerte temprana, o violenta, y podrá vivir feliz, llegar a la muerte natural de vejez, sin dolor”.

Las peculiares teorías de Sabuco tienen una base hipocrático-galénica, propias de la época.

La visión profundamente psicosomática de Sabuco establece tres condiciones para el mantenimiento de la salud: “La alegría y el placer de vivir, la esperanza del bien y el desempeño armónico de sus cualidades”. Asimismo, hay tres funciones psicológicas en el hombre: vegetativa, sensitiva e intelectiva o racional. En el cerebro, residencia del ánima, ejercen sus “potencias” varias acciones propias.

Niega todo localizacionismo cerebral y las operaciones se ejecutan en las “tres celdas de los sesos”.

Las especies entran por los cinco sentidos en la “primera celda” (sentido común), donde el entendimiento juzga lo presente y dice a la voluntad si es malo o bueno.

Introduce el concepto de “succo nerveus” (él habla de jugo nervioso) absorbido en las raíces de los nervios y transportado hasta la raíz principal (médula) y de ahí al cerebro.

El término fue utilizado por parte de los iatroquímicos del siglo XVII, que antecede en siglos al concepto de neuroquímica.

Escruta la relación entre la salud emocional y física, y explica cómo las emociones menoscaban la salud y causan la muerte prematura. Invita a los médicos al tratamiento integral de los pacientes, atendiendo mente, cuerpo y alma al unísono, compatible con los pensamientos médico y filosófico actuales.

El médico renacentista Juan Huarte de San Juan nació en 1529 en la aldea navarra de San Juan de Pie del Puerto, ahora en territorio francés. Hijo de judeoconversos, pronto emigró a tierras de Castilla, donde estudió medicina en Alcalá entre 1553 y 1559.

Fue autor del texto Examen de ingenios. Desde la primera edición se han realizado más de 80 ediciones en un mínimo de siete idiomas. Después del médico Santiago Ramón y Cajal, es el científico hispano más citado de la historia y su obra influyó directamente en el pensamiento de Charron, Montesquieu, Montaigne y Rousseau.

Es importante aclarar el sentido del título. En el Renacimiento, el término “ingenio” tiene sentido de “inteligencia” y, más concretamente, la habilidad práctica para hacer algún tipo de actividad.

El aspecto más destacable y polémico reside en su defensa de que las capacidades de los individuos emanan de la constitución de su cerebro.

La modernidad de su idea es que el entendimiento es una potencia orgánica dependiente del cerebro.

Aunque la primera edición de Examen de ingenios (1575) fue autorizada sin objeciones, pronto el libro fue sometido a la censura inquisitorial y desde 1584 sólo quedarían libres de expurgación tres capítulos.

Para los inquisidores, la reiterada afirmación de que “el entendimiento es potencia orgánica” equivalía a decir que la inteligencia tiene un sustrato material o que el alma depende de los órganos y no al revés, idea explícitamente rechazada por la tradición galénica, la escolástica y la doctrina de la Iglesia.

Para concluir con optimismo, enfatizaremos que en la lectura actual del Quijote hay tres elementos que lo hacen asombrosamente moderno.

En primer lugar, destaca el valor de la libertad.

Tras la aventura de la “ínsula Barataria”, al verse nuevamente en la campaña rasa, don Quijote se vuelve a Sancho y le dice: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”.

En segundo lugar, está el valor del sentido de humor.

Cervantes se ríe absolutamente de todo y de todos, y sobre todo de sí mismo, con compasión y ternura, aunque con un fondo de amargura. Esto es extraordinario, porque sabido es que para tratar sobre cualquier asunto en Argentina nos ponemos muy serios.

En tercer lugar, es destacable el valor que se da a la tolerancia con los demás y la dignidad para uno mismo, virtudes que impregnan el texto. El especial nexo existente entre caballero y escudero viene a significar que para querernos hemos de tolerarnos.

Risa, tolerancia y libertad. Tres remedios inmemoriales que sin duda mejorarían el mundo moderno y el futuro de la Humanidad.

Referencia bibliográfica:

  • García-Cárcel R. La España de Cervantes. En busca de la realidad perdida. En VV AA: Historia, medicina y ciencia en tiempos de El Quijote. Madrid: Fundación Ciencias de la Salud; 2006. p. 7-16.

Imagen: Instituto Mediterraneo Sol <www.inmsol.com>

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