13 de Noviembre de 2017

Una buena escucha influye tanto o más que la capacidad de oratoria

Si bien se consideraba que la capacidad de oratoria era la más importante en una persona, una investigación mostró que escuchar activamente a nuestro interlocutor también es una gran virtud.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


Suele ser algo frecuente el hecho de darse cuenta de que mientras uno habla el interlocutor no escucha atentamente. Y si bien aparece la queja cuando no se recibe la suficiente atención, toda persona, en más de una ocasión, perdió su capacidad de escuchar al otro, a pesar de que es sabido que es muy importante estar atentos a lo que nos dicen los demás.

De hecho, para refrendar esta hipótesis, un estudio realizado por Daniel Ames, profesor de Liderazgo y Ética de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, presenta que pese a que se tiende a pensar que quienes dominan el arte de la oratoria ejercen una mayor influencia sobre las otras personas, ser un buen oyente proporciona incluso mayores ventajas.

Ames junto con su equipo evaluaron a distintos grupos de personas que trabajaban juntas para medir su influencia en relación con la expresión verbal que poseían y a su comportamiento como oyentes. Los resultados obtenidos arrojaron que una buena capacidad de escucha proporcionaba una mayor influencia en su relación con los otros que quienes poseían una mayor destreza en la expresión oral.

No obstante, si somos sinceros, todos experimentamos que una verdadera escucha activa es todo un desafío para el cerebro.

Por ejemplo, existe el llamado “Fenómeno de la fiesta”, que es aquel que posibilita enfocarse en una conversación más allá del sonido del ambiente. Sin embargo, si escuchamos que en otro sector dicen nuestro nombre la atención será captada hacia ese lugar rápidamente. En cambio, en otras ocasiones, no podemos atender ni escuchar a la persona que tenemos al lado. ¿Por qué nos sucede esto?

Una investigación publicada en la revista Nature, liderada por Edward Chang, profesor de neurocirugía de la Universidad de California en San Francisco, puede acercar una posible respuesta. Para este profesional y su equipo, tenemos algo así como una escucha selectiva que capta ciertas cosas e ignora todas las demás.

Para llegar a esta conclusión realizaron una investigación en tres pacientes que debido a cuadros de epilepsia severa debían ser sometidos a una cirugía cerebral. Parte de la misma exigía que los profesionales localizaran las zonas responsables de las convulsiones. Para ello utilizaron 256 electrodos, ubicados en diferentes regiones, como, por ejemplo, el lóbulo temporal, encargado de procesar los sonidos y de nuestra capacidad de escuchar.

Mientras los pacientes tenían los electrodos, debían escuchar ciertas frases expresadas por voces diferentes. Estas frases tenían claves aleatorias para que cambiaran su atención de un hablante a otro o para que escucharan solo a uno de ellos.

El objetivo de los pasos anteriores fue observar qué neuronas se activaban cuando ponían atención en aquello que querían escuchar, o sea sobre sonidos selectivos.

Con los datos obtenidos los científicos desarrollaron un algoritmo para analizar los patrones de actividad cerebral. Esto les permitió descubrir que las respuestas neurales en la corteza auditiva solo se activaban cuando hablaba el individuo que los pacientes debían o querían escuchar, mientras que el cerebro ignoraba al resto.

Chang ejemplificó que esto mismo que ocurre cuando un hombre ignora lo que su esposa le está diciendo a pesar de que esté al lado de ella. Para él y sus colaboradores, en estos casos, el cerebro está ignorando la información auditiva que no le interesa (aunque estemos muy cerca de nuestra pareja) para poder ocuparnos de otros pensamientos que sí nos parecen importantes. Si bien este estudio fue realizado con una muestra muy pequeña, los investigadores consideran que contribuye a que podamos comprender los componentes selectivos del escuchar y que cuando nuestra atención está atrapada en algo que considera más importante, la escucha hacia los otros disminuye notablemente, como en el “Fenómeno de la fiesta”, pero la inversa.

Basta con pensar en cuántas veces no escuchamos mientras nos hablan y movemos la cabeza para que la persona que nos está transmitiendo algo sienta que la estamos comprendiendo, o cuántas otras nos adelantamos como si fuéramos adivinos a lo que creemos nos van a decir. Esto último se debe a otra característica de nuestro cerebro, que es la de tender a ser anticipativo.

Dentro de las organizaciones, la escucha activa por parte de los líderes es fundamental debido a las constantes y necesarias interacciones entre las personas que la componen. Además, permite contar con información y dar tiempo al cerebro para evaluar la situación y responder de manera adecuada a lo que alguien plantea.

En la vida de relación nos ayuda a conocer y reconocer al otro -algo que siempre nos enriquece-, ya que la empatía y la toma de perspectiva necesitan nutrirse de otros modos de ver el mundo.

Si desean mejorar sus habilidades de escucha, aquí tendrán algunas sugerencias a tener en cuenta:

  • Si está en un momento con algo urgente, pídale a su interlocutor repetir la conversación en otro momento.
  • Propóngase no interrumpir a su interlocutor.
  • Muéstrese abierto a otros puntos de vista.
  • Respete las opiniones de las otras personas.
  • Si no entiende algo, pregunte.
  • Si por algún motivo desatiende al otro, pídale disculpas y retome la escucha activa.

En definitiva, cuando vaya a tener una conversación es importante tomar la firme decisión de disponerse a poner toda la atención en ella.

Bibliografía:

Imagen: 123RF


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