03 de Marzo de 2017

El aula curiosa y el aprendizaje (tercera parte)

La preferencia por la novedad es una forma eficiente para que los sistemas cognitivos inmaduros de los niños procesen información.

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Promueva la exploración y la experimentación

Las semillas de la curiosidad están en la exploración. La indagación es el acto de buscar la novedad. Involucra experimentar el mundo para obtener conocimiento.

La evolución de la curiosidad: el reflejo exploratorio

“A los niños no hace falta enseñarles a ser curiosos”. Abraham Maslow

En 1860 el zoólogo alemán Alfred Brehm colocó una caja llena de serpientes en el interior de una jaula de monos que vivían en un zoológico. Cuando los micos levantaron la cubierta se aterrorizaron, una reacción normal en ellos ante las víboras. Pero luego los simios hicieron algo raro (tan llamativo que Charles Darwin se sintió forzado a recrear el experimento él mismo): a pesar del miedo, no pudieron resistir reabrir la caja para mirar nuevamente a las serpientes.

Los científicos han examinado la reacción a cosas nunca antes vistas en más de un centenar de especies de reptiles y mamíferos. En TODOS los casos los mamíferos NO pudieron resistir ante la novedad. De hecho, la atención ante lo novedoso es una característica fundamental de la conducta compartida por casi todos los organismos que tienen un sistema nervioso.

Lo nuevo nos obliga a involucrarnos con diferentes cosas, ayudándonos a sobrevivir al asegurar que prestaremos atención a cualquier cosa en nuestro medioambiente que pueda ayudarnos o dañarnos.

La neuropsicología ha descubierto que la motivación es un prerrequisito para el aprendizaje. También reveló que cuando el alumno entra en contacto con información ambigua, compleja o conflictiva, nuestro sistema nervioso se activa, nos energiza y nos fuerza a prestar atención. Al estar perplejos, encontrar una respuesta es muy gratificante, lo cual nos condiciona para un aprendizaje eficiente.

Los neurobiólogos han utilizado la resonancia magnética funcional (RMNf) para medir la activación cerebral durante situaciones nuevas e interesantes. Cuando alguien es curioso, las áreas neuronales responsables de la activación autonómica y del malestar (la ínsula anterior y la corteza cingular anterior) están más altamente activadas. Luego, cuando se encuentra la respuesta adecuada (o sea cuando tenemos acceso a información relevante), las áreas neuronales relacionadas con la recompensa se activan.

El desarrollo de la curiosidad: cosas y lugares nuevos

“Pienso que si perdemos la curiosidad no hay nada; no hay reflexión y, por tanto, no hay conocimiento y no hay ninguna posibilidad de saber, de llegar al final de algo”. Luis Aute

La curiosidad también es la fuerza que impulsa el desarrollo y movimiento de niño durante su desarrollo. Los bebés recién nacidos vienen al mundo con la capacidad de ver, escuchar, tocar y saborear las cosas que están en su entorno. Su sistema nervioso se ha desarrollado para responder a las demandas del mundo con acciones espontáneas e involuntarias (por ejemplo, el reflejo de succión que asegura que los bebés tomarán la leche y se alimentarán en forma correcta).

Los reflejos son patrones de acción fijos que duran solo un corto tiempo, pero lentamente se convierten en configuraciones más complejas para el aprendizaje. Cuanto más conocimiento del entorno ha ganado el niño a través de su curiosidad, mayor es la posibilidad de que se adapte a dicho entorno.

Se ha descubierto que cuanto más enérgicamente un bebé de cinco meses de edad explore su entorno, más probable es que tenga un buen desempeño durante la escuela primaria y secundaria.

La tendencia de los bebés de ser curiosos viene de la forma en que están cableados sus sistemas nerviosos. Del mismo modo que en los animales, el impulso para explorar aparece por una preferencia perceptual por la novedad.

Cuando se les permite elegir, los bebés de manera consistente miran, escuchan o juegan con cosas que nunca habían visto antes.

La preferencia por la novedad es una forma eficiente para que los sistemas cognitivos inmaduros de los niños procesen información. El ímpetu por lo nuevo los ayuda a manejar los cambios en su medioambiente. Luego se convierte en el deseo insaciable de explorar y experimentar cosas nuevas.

Los pequeños pueden pasar sus días asombrados. Les encanta abrir cajones y cajas, echar un vistazo debajo de los muebles y manipular todo. Utilizan los sistemas sensoriales que pueden como una forma de conocer, comprender y controlar sus mundos, a veces sin darse cuenta de ello.

La voluntad de investigar de los pequeños se expande a medida que continúan explorando. Esta orientación puede apoyar el compromiso con el estudio hasta más allá de la escuela secundaria.

Por ejemplo, un trabajo científico demostró que cuando alumnos de nivel primario leen libros sobre temas que ellos ya se estaban haciendo preguntas, aprendieron significativamente más, reteniendo lo que leyeron por un período de tiempo más largo.

En otra investigación alumnos de nivel secundario mostraron mayor compromiso con los contenidos escolares cuándo: 1. Tenían el control de cómo manejaban los tiempos y 2. Los temas eran relevantes para los intereses de los alumnos. Asimismo, en otro estudio, se demostró que los alumnos de nivel secundario que exhibían una curiosidad generalizada (incluyendo el colegio) tenían un mejor estado de salud y de bienestar.

Los cerebros de los niños están optimizados para la exploración y la experimentación

“Una curiosidad no se fuerza, se despierta”. Daniel Pennac

Tanto los cerebros de los niños como los de los adultos están constantemente cableándose y recableándose (alterando su estructura y su función) a medida que se enfrentan con nuevas experiencias, conocimientos y visiones del mundo. A esto se lo denomina neuroplasticidad. Puesto que las experiencias tempranas tienen un impacto mayor y más duradero en el sistema nervioso (o lo que se denomina una “neuroplasticidad óptima”), la juventud es el período de aprendizaje más oportuno de la vida.

No es una sorpresa que los niños sean curiosos en forma innata: la novedad, la exploración y la experimentación están “cableados” en sus cerebros.

Durante la niñez las neuronas son ultrasensibles a los patrones de estímulos sensoriales que provienen de su medioambiente. Los sistemas sensoriales (como la visión, la audición, el tacto y el olfato) se focalizan en estos estímulos, los recogen y organizan las características del mundo del niño. Estas piezas de información que son experimentadas regularmente (por ejemplo, los sonidos del lenguaje nativo) son priorizados por el sistema nervioso.

Esto implica que sus representaciones neuronales mejoran, afinando los sistemas sensoriales del niño en aquellos tipos específicos de estimulación sensorial que recibe más frecuentemente.

Aquellos niños que son expuestos a un lenguaje extranjero antes de los siete años de edad pueden constantemente recoger la gramática y la fonología de este lenguaje y hablarlo sin acento. Luego, la capacidad de aprendizaje de los nuevos idiomas disminuye en forma gradual hasta llegar a la adultez.

Como en los idiomas la experiencia temprana con la música optimiza el sistema nervioso del niño para percibir y responder a la nueva información.

Distintas investigaciones han demostrado que los músicos más prodigiosos de la historia, tales como Wolfgang Amadeus Mozart, Jimi Hendrix y Yo-Yo Ma, comenzaron con la música antes de los siete años de edad.

Estos hallazgos resaltan lo que muchos padres y docentes han observado en forma anecdótica: cuanto más pequeño es el niño, más fácil es el aprendizaje. Esto se debe a que los sistema nerviosos de los más pequeños están “formateados” para explorar e internalizar la información nueva.

Un trabajo neurocientífico concluyó que para los niños menores de siete años de edad el aprendizaje a través de la exploración activa es muy superior al generado a través de una explicación dada por un docente. La estructuración desalienta la exploración.

Los cerebros jóvenes se desarrollan mejor mediante la exploración y la experimentación que se manifiesta en la curiosidad.

Repaso rápido:

  • Los humanos y los animales buscan en forma refleja la novedad.
  • Ser curioso es evolutivamente adaptativo.
  • Los niños tienen un deseo insaciable de explorar, conocer, comprender y controlar sus mundos.
  • Los cerebros jóvenes están optimizados para la nueva información y el cambio, haciendo que los niños más pequeños sean aprendices superiores a los niños más grandes.
  • Los cerebros de los niños están optimizados para aprender de la exploración y de la experimentación, no para escuchar pasivamente a sus docentes.

Bibliografía:

  • Anderson, M. (2016). Learning to Choose, Choosing to Learn: The Key to Student Motivation and Achievement. Publisher: Association for Supervision & Curriculum Development. ISBN-10: 1416621830.

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