02 de Agosto de 2017

Ilustración neurociencias: Áreas alocorticales

Las áreas alocorticales son las responsables directas de que existan en nuestra especie funciones cognoscitivas superiores, hasta el punto de que nos han conducido al desarrollo de la personalidad.

Ilustración de uso libre, sólo se pide citar la fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


La región más prominente en la corteza alocortical es la correspondiente a las áreas 24, 25, 32 y 33 del giro del cíngulo, haciendo que todos los componentes alocorticales sean de las zonas más primitivas dentro del encéfalo.

Las áreas anteriormente mencionadas se destacan por constituirse como una subdivisión cingular encargada de la toma de decisiones. Ésta última es una de las herramientas cognitivas que evolutivamente nos permiten destacarnos sobre el resto de las especies. Esto se debe a que ya no reaccionamos solamente movilizados por nuestros mecanismos reflejos e instintivos de la conducta y de nuestra fisiología, sino que las áreas alocorticales han estado comprometidas durante cientos de miles de años en las elecciones conscientes que nuestra especie toma. De este modo, podemos comenzar a comprender desde las neurociencias la enorme complejidad funcional y ejecutiva que ello conlleva. 

Para entender de forma más simple la corteza alocortical, debemos mencionar que es la parte restante de la corteza cerebral y que su arquitectura tiene menos de seis capas de tejidos nerviosos, haciendo que se distingan las áreas alocorticales de las neocorticales. La porción de la corteza conocida como alocorteza incluye a la archicorteza y también a la paleocorteza, las que en sí mismas conforman el sistema límbico.

Hay regiones orbitarias en pequeñas porciones de los lóbulos frontales que al ser áreas alocorticales han llegado a hacerse responsables de actividades tan complejas como la regulación de las emociones y la motivación. En cuanto a las emociones, éstas han sido ampliamente estudiadas desde las neurociencias afectivas, dado que el ser humano jamás emite una respuesta que no contenga tres componentes: conducta, cognición y emoción, lo que apenas se ha venido a comprobar hace pocas décadas, haciendo de este hallazgo un complicado entramado que recientemente se está empezando a desenredar. Pues entre más se estudian los diversos sistemas del cerebro humano, más aumenta el grado de dificultad en comprenderlo. 

Finalmente, las áreas alocorticales albergan no solo a regiones del giro cingulado, sino también a porciones de la neocorteza anterior y la neocorteza agranular, además de zonas septales. Esto hace que el control que poseemos sobre nuestro propio comportamiento, ya sea desde aspectos morales, éticos y legales, guarde una correlación directa con el fundamental papel que tienen las áreas alocorticales desde el paleolítico (hace 2.500 millones de años atrás). Por lo que la conectividad y asociación que poseen estas áreas con la evolución de la cultura y sociedades humanas hacen de las áreas alocorticales las responsables directas de que existan en nuestra especie funciones cognoscitivas superiores, hasta el punto de que nos han conducido al desarrollo de la personalidad y de todas nuestras estructuras psicosociales que nos caracterizan y nos hacen tan peculiares como humanos.

Bibliografía:

Braak, H., & Braak, E. (1993). Pathoarchitectonic pattern of iso- and allocortical lesions in juvenile and adult neuronal ceroid-lipofuscinosis. Journal of Inhereted Metabolic Disease. 16(2):259-62.

Bürger, C., Redlich, R., Grotegerd, D., Meinert, S., Dohm, K., Schneider, I., Zaremba, D., Förster, K., Alferink, J., Bölte, J., Heindel, W., Kugel, H., Arolt, V., & Dannlowski, U. (2017). Differential Abnormal Pattern of Anterior Cingulate Gyrus Activation in Unipolar and Bipolar Depression: an fMRI and Pattern Classification Approach. Neuropsychopharmacology, 42(7):1399-1408. doi: 10.1038/npp.2017.36.

Mraovitch, S. (2003). Isocortical hyperemia and allocortical inflammation and atrophy following generalized convulsive seizures of thalamic origin in the rat. Cellular and Molecular Neurobiology, 23(4-5):773-91. 


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