28 de Junio de 2017

Ilustración neurociencias: Área motora secundaria y suplementaria

Las áreas motoras secundaria y suplementaria se dedican primariamente a la generación de movimientos conscientes, incluyendo al área premotora.

Ilustración de uso libre, sólo se pide citar la fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


Las áreas motoras secundaria y suplementaria se dedican primariamente a la generación de movimientos conscientes, incluyendo al área premotora, la cual se localiza en el área número 6 de la clasificación de Brodman y en algunas regiones específicas del área 24, junto a porciones del giro cingulado.

Respecto del área premotora, funciona como un centro de comando, eminentemente aferente, para las regiones que provienen del núcleo ventral, el tálamo y áreas concretas de la región número 4 de Brodman.

Las áreas suplementarias son las encargadas de generar intercambios de información entre hemisferios (derecho e izquierdo), dado que dicha interconexión resulta fundamental no solo para la vida social y cultural del hombre, sino también para generar elementos tan importantes como el arte, la poesía, la literatura, la música y nuestras relaciones humanas/afectivas.

En cuanto al área suplementaria, sus funciones específicas son las de proyectar información desde sus regiones definidas y delimitadas hacia la médula espinal, los núcleos de corte subtalámico, los núcleos basales, los núcleos del puente y, claro está, con dirección al núcleo rojo.

Lo interesante de mencionar las anteriores áreas es que la etología (estudio de la conducta animal) y la psicología comparada (estudio de los mecanismos evolutivos de la conducta humana y animal) se han exhibido como dos campos de la ciencia que realizaron grandes aportes para la comprensión tanto del área motora primaria como de la suplementaria y la premotora. Esto ha llevado a diversos expertos a contar con valiosos hallazgos experimentales que correlacionan directamente el inicio del movimiento volitivo en seres humanos y en primates con las áreas anteriormente mencionadas.

La coordinación, herramienta vital para que nuestro cerebro y cuerpo se guíen y manejen de forma inteligente, radica de forma decisiva en las áreas motora secundaria y suplementaria. Ambas permiten que nuestros movimientos sean bilaterales (los dos hemisferios trabajando en conjunto) en pro de un único objetivo: el movimiento inteligente. Esto produce que como organismos dotados de sistema nervioso central (SNC) poseamos la capacidad de generar mapas mentales de nuestro entorno para guiarnos por el mismo, ya sea de forma automática como por medio del aprendizaje, logrando que podamos pasar de una simple idea a una acción que puede modificar nuestro medio ambiente, tanto interno como externo.

Finalmente, las técnicas de neuroimagen, tales como la resonancia magnética (fMRI), por sus siglas en inglés, o la tomografía por emisión de positrones (TEP), han demostrado que las áreas motora secundaria y suplementaria son indispensables para que podamos producir movimientos voluntarios.  Esto quiere decir que no solo contamos con movimientos automáticos, respondientes o instintivos, sino que las áreas expuestas hacen que podamos tener plena conciencia de nuestra movilidad, fuerza, energía y control de estímulos, lo que se traduce como que las áreas motora secundaria y suplementaria son evolutivamente necesarias para distinguirnos como especie en nuestros aspectos cognitivos y ejecutivos más refinados, pues nos han llevado a que seamos la especie más desarrollada en materia de conciencia y elección.

Bibliografía:

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